Opinión

Una de las dos elecciones del pasado día 6

En Coahuila hubo elecciones el pasado 6 de julio. Fueron sólo para diputados locales y estos comicios poco llaman la atención de los votantes, aunque no debería ser así, y menos en un caso como es el de Coahuila. Y como no coincidieron, al menos esta vez, con las de gobernador o de alcaldes, que suelen ser más atractivas, se les puso la etiqueta de “elecciones huérfanas”.

El tal calificativo les quedó como anillo al dedo. Con, o sin razón, transcurrieron en esa situación de precariedad que el concepto implica. A lo largo del proceso claramente se sintió, se respiró, se percibió una especie, en efecto, de orfandad. De algo muy importante que hace falta y tristemente no se tiene: ciudadanía, votantes, liderazgos, propuestas, opinión pública, presencia activa. De manera espontánea o inducida, todo esto faltó.

El hecho fue que se dieron las circunstancias para provocar ausencia, pasividad, silencio, descuido, opacidad, desorganización e importamadrismo. Y esta letanía omite la falta de dignidad, por dos razones. La primera, porque debe ser lo último que se pierda y para llegar a ese extremo debe aún faltar un buen trecho; y la segunda, sencillamente para que no se alegue que se está cayendo en exageración.

¿Porqué lo anterior? Por lo que está sucediendo en la tierra de Madero, que sencillamente parece algo de no creerse. En sentido negativo, obviamente. Y estas elecciones sólo son un botón de muestra. Vaya, hasta “huérfanas” en más de un sentido. No sólo en lo ya mencionado de ir solas, nada más para diputados, que ningún atractivo tienen para los votantes. No, huérfanas también en cuanto no las hubo -salvo en Nayarit- en más entidades del país, lo que hubiera generado mayor atención de los medios nacionales de comunicación e interés de la opinión pública.

Bueno, pues sucedió que con todo y ser Nayarit un estado –se dice sin desdoro de él– pequeño en cuanto a población, territorio y peso económico, es un hecho medible y comprobable que su reciente proceso electoral tuvo más cobertura de medios nacionales, mayor atención de las instancias federales en los ámbitos electoral y político, y hasta más notoria presencia de las dirigencias nacionales de los principales partidos de oposición. Qué bueno por Nayarit; lamentable por la orfandad de Coahuila.

(Al margen y sin que el tema tenga relación, ¿alguien puede explicar porqué el caso de la fosa clandestina en San Fernando, Tamaulipas, donde aparecieron los cadáveres de poco más de setenta migrantes, recibió amplísima difusión mediática, y no el de los trescientos nacionales ejecutados en Allende, Coahuila, incluida la destrucción de sus viviendas, que prácticamente pasó inadvertido para los medios de comunicación?)

Señalado lo anterior, todo lo demás llegó como por añadidura y en cascada. ¿En qué puede sorprender entonces que el pasado 6 de julio en Coahuila se hayan presentado a votar apenas 39 por ciento de los inscritos en el padrón? ¿Cómo es que el PRI volvió al “carro completo” de los años sesenta, que se suponía superado? ¿Cómo es que en Coahuila hay 14 partidos? ¿En qué alentaron éstos la participación ciudadana?

Y por último, no porque tenga la menor importancia sino exactamente por lo contrario, ¿cómo puede existir una fórmula de “representación proporcional” en el reparto de los llamados diputados plurinominales que asigna un diputado, uno solo, al partido que oficialmente se le reconoce el 23 por ciento de la votación total, y ocho a otros tantos partidos que en conjunto no suman ese porcentaje de votación?

Ahora queda claro porqué en Coahuila es posible pasar de un endeudamiento público de prácticamente cero pesos, a 35 mil millones, sin que se sepa dónde quedó el dinero y no suceda absolutamente nada.