Opinión

Una conspiración anunciada

Más vale que el gobierno federal tenga opciones expeditas para sacar a Guerrero de la crisis de gobernabilidad en que se encuentra, porque la autoridad local simplemente no existe y hay una conspiración en marcha.

Se tiene que actuar con celeridad, inteligencia y audacia, porque la lumbre llega a los aparejos.

Mientras más se tarde la administración del presidente Peña Nieto en resolver, más terreno ganarán los que buscan que el conflicto llegue a la capital para poner entre la espada y la pared al gobierno federal: represión o la capitulación.

Hay fuerzas interesadas en desestabilizar a México para sacar provecho político de una gran crisis que amague con enfrentarnos entre civiles.

Como no han podido ganar la presidencia por la vía democrática, la única forma que tienen de llegar al gobierno es a través del caos y la descomposición, y es lo que empezamos a ver.

A la ingobernabilidad en Guerrero, quieren sumar la ingobernabilidad en el Distrito Federal.

Y no hay que hacer conjeturas para saber quién es el principal interesado en que la agitación degenere en crisis política nacional, para de esa forma tomar el poder.

López Obrador lo dice con todas sus letras, y sólo la táctica del avestruz podría evitar que oyéramos lo que está diciendo.

Cuando hablamos de López Obrador no estamos hablando de un agitador de barrio, sino del principal líder social del país que en las pasadas elecciones obtuvo quince millones de votos.

López Obrador, el líder de Morena y principal pescador en el río revuelto, lo dijo con todas sus letras el viernes en Guadalajara. Quiere la caída del gobierno.

Pidió la renuncia del presidente “ante lo público y notorio de su incapacidad para manejar el país”, y demandó que ello ocurra antes del 1 de diciembre.

Explicó López Obrador: “si renuncia antes de cumplir dos años de su mandato, de acuerdo con la Constitución, se tiene que convocar a nuevas elecciones. Si pasa de dos años es otro procedimiento, ya no se elige a la nueva autoridad, sino que se decide en el Congreso”.

Piensa y expresa lo siguiente (La Jornada del sábado 11): “por qué esperar a 2018 si ya sabemos que cada día va a estar peor, es mejor ahora que Peña haga ese servicio al país, que se vaya”.

Lo dice él. Eso pretende y eso espera del ambiente político que se ha creado. Es la ruta de su conspiración, sin que nadie lo interprete o ponga palabras falsas en su boca.

En el municipio de Iguala, gobernado por el ahijado político del precandidato de AMLO al gobierno de Guerrero (Lázaro Mazón, actual secretario de Salud del gobierno estatal), se dieron las víctimas mortales que el movimiento obradorista había buscado sin éxito para encender la pradera.

A la violencia criminal de la Policía de Iguala, los normalistas y maestros de la Coordinadora han respondido con todo tipo de desmanes, también violentos.

El entusiasmo por la barbarie ha prendido en Guerrero, se contagió Michoacán y la crisis amenaza con extenderse al Distrito Federal, donde en los próximos días coincidirían las protestas por las desapariciones en Ayotzinapa y la huelga del Politécnico.

¿Coincidencia?

Planeado o coincidencia (como si éstas existieran en política), el gobierno federal tiene que dar respuestas muy prontas a la crisis.

Twitter: @PabloHiriart