Opinión

“Una cena encantadora con un hombre maravilloso”

 
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ME Trump y Slim. (Especial)

Quien piense que esa frase la dijo una mujer enamorada, está equivocado.

Con exaltación la profirió Donald Trump al terminar su gratísima reunión con el hombre más rico de nuestro país y de muchos otros territorios: Carlos Slim.

El embeleso tuvo como marco perfecto el lujoso campo de golf en la Florida llamado Mar-a-Lago, una de las muchas propiedades del presidente electo de Estados Unidos.

¿De qué hablaron esos dos hombres acaudalados? Difícilmente lo hicieron sobre literatura o filosofía. ¿Acaso sobre la imperiosa necesidad de mitigar el hambre en el Sahara o en la apasionante aventura de patrocinar descubrimientos científicos en materia de salud o en viajes interestelares?

El imperativo ha de haber sido reunir esfuerzos para continuar con lo que siempre han hecho: hacerse de dinero, propiedades, financiar proyectos rentables. ¿Cómo sedujo Slim a Trump? Puede usted jurar que no fue concibiendo una obra civilizatoria. En su campaña, la bestia dorada no hizo una sola propuesta sobre la ampliación educativa, innovación tecnológica o apoyo a luchar contra el analfabetismo en la América hispánica. Si bien Carlos Slim ha obtenido cuantiosas utilidades en su empresa América Móvil, dedicada a la comunicación celular, no se ha distinguido en ofrecer Internet gratuito, o al menos barato para las comunidades más necesitadas; tampoco se le conoce como un hombre de vanguardia en lo que destaca Bill Gates: transformaciones tecnológicas que han cambio las rutas de la humanidad y en su desprendimiento del dinero entregado a obras altruistas.

No, sus alcances han sido pingües en filantropía y siempre con diversos intereses.

¿Para qué se reunieron? Hace siete semanas Trump mal hablaba de Slim a quien acusaba de acicatear una campaña de infamias en su contra gracias a que es accionista del New York Times. ¡Ah, entonces fue una reunión de reconciliación semejante a la que tienen las parejas de enamorados! Tampoco. Sin proponérselo, Carlos Slim salió al rescate de lo que en no pocos momentos fue un orgullo para el país: la bandera diplomática. Convertido en embajador de facto, desplegó sus encantos para que el encuentro tuviera “un muy buen ánimo para México y los mexicanos” como comunicó Arturo Elías Ayub, yerno del señor Slim.

Eso es justamente una encomienda diplomática. ¿Y la cancillería, y las estrategias gubernamentales, y la vinculación con el equipo yanqui de transición? Todo esto quedó en segundo o tercer plano. Lo definitivo estuvo en el gallardo talento de seducción del empresario mexicano.

Y casi en paralelo, al referirse al acaudalado Trump, el saliente gobernador del Banco Central aprovechaba una reunión en Guadalajara para decir delante del secretario de Hacienda y el director de Pemex que cuando el yanqui llegue a la presidencia, veremos una película de terror.

Felizmente para él, ya estará en Suiza con un altísimo cargo en las finanzas mundiales.

Reunidos en la Florida, dos oligarcas que saben amasar fortunas, que han dedicado su vida a la especulación y que han estado muy ocupados en su provecho personal ahora piensan que pueden tener en sus manos la delicada tarea de gobernar.

En su libro Vida de Solón, Plutarco se declaraba sorprendido de ver que “entre los griegos los ignorantes son los que deciden”.

Igual que en el largo final del imperio romano, cuando la improvisación y la arrogancia marcaban una atmósfera semejante a la que hoy vivimos, vemos una vuelta de tuerca hacia atrás: se emplea un lenguaje de odio sistemático, se ignoran las instituciones mediadoras, se rompen los equilibrios. La principal característica de un cuerpo decadente es la incapacidad de generar sus propias defensas. Así estamos, a merced del oportunismo, la improvisación, el florecimiento de intereses personales y de grupo.

¿Qué viene después de esa reunión en la Florida? Habrá quienes piensen que el país está en deuda con el señor Slim; otros dirán que Trump no es tan malo como nos ha hecho creer y, también los habrá los que desearán que el empresario mexicano llegue a la presidencia. El desgaste es de tal magnitud que todo es posible.

Twitter:@RaulCremoux

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