Opinión

Una app para el bebé, o para el moribundo

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Imaginemos esta monería en el teléfono celular: a través de una app, podemos monitorear cinco o seis veces al día el estatus de nuestro bebé en la guardería. Ojo, no me refiero a las cámaras para mirar si gatean o duermen, sino a una aplicación con información relevante: a qué hora comió o durmió la siesta; qué actividad realizó; si tomó o no algún medicamento; quién lo suministró y alguna nota a su desempeño motriz.

De la misma manera podemos imaginar una app para los viejitos moribundos en el hospital. ¿Qué haría? Nos indicaría constantemente su estado de salud (grave, reservado, en recuperación, convaleciente) y nos diría otros datos: recibió analgésico; se le suministró oxígeno; durmió; tuvo dolor; se puso de pie, etcétera.

Las mejores apps son las que intersectan con un gran número de transacciones cotidianamente. Por eso las de Facebook o Twitter son tan usadas. Otras se utilizan ocasionalmente. Tengo la impresión de que en México el potencial para desarrollar apps es elevadísimo, porque los empresarios no se han dado cuenta ni se han puesto a inventar la forma en la que los miles de transacciones que tienen con sus clientes podrían llevarse al mundo virtual. Pero podría haber apps para todo: una cadena de mueblerías podría tener una app para decoradores; una tienda de mascotas podría tener una para dueños de perritos que requieren información; una empresa de insumos médicos tendría una para dar a conocer a enfermeras y médicos aparatos que se lanzan al mercado y los ratings de los mismos…

De acuerdo al Segundo Estudio de Movilidad Empresarial de México, liberado por ProxiMate y NetMedia hace pocas semanas, “sólo uno de cada tres proyectos móviles ha sido exitoso a la fecha y sólo 20 por ciento de las empresas participantes se considera por delante de la competencia, respecto al uso y adopción de tecnología móvil”. En este estudio se establece que existen tres grandes retos para generar una estrategia de movilidad: “1) La falta de visión de cómo aprovechar la tecnología para generar valor a la empresa, clientes o empleados; 2) la falta de prioridad a nivel de los planes estratégicos de la empresa; y 3) la falta de conocimiento de las plataformas móviles y las herramientas de desarrollo.”

Imaginemos a un profesor de arquitectura que puede observar durante el semestre la evolución de sus alumnos en su clase de proyectos gracias a una app; o al ejecutivo de una agencia de viajes que puede monitorear el avance de su cliente durante su periplo por Asia; o a un wedding planner que actualiza información de los preparativos de una boda (música, invitados, proveedores…) a través de una app, para consulta de los próximos desposados.

¿Qué hace falta? Imaginación. Mucha.

Twitter: @SOYCarlosMota

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