Opinión

Un verdadera pesadilla para la humanidad

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Donald Trump

La gira de Trump por algunos países de Medio Oriente y Europa, lejos de ser un home run como la autocalificó, vimos cómo se convirtió en un penoso periplo de arrogancia mezclada con torpeza. El error más grande y más grave no es el ramillete de improvisaciones y deslices que da a conocer invariablemente cada tercer día en su tuit o su grosera participación en actos simbólicos, sino su visceral constancia de querer aislar a Estados Unidos de proyectos, planes y programas internacionales que, previamente firmados, tienen un enorme costo para el contribuyente norteamericano.

El que mayores consecuencias tendrá es desligarse del Acuerdo de París que busca reducir los índices de contaminación mundial. La medida unívoca está sentada en el rencor y el interés. Enojo y hasta ira porque Barack Obama fue un entusiasta de ese pacto que busca afianzar las fuentes de energía natural e inagotable como la eólica, la maremotriz y la solar; interés, ya que el señor Trump busca favorecer a las compañías petroleras que, alternativamente, han tenido que instrumentar medidas para alcanzar registros más limpios y al mismo tiempo continuar en la perforación, extracción, refinamiento y venta de combustibles sólidos.

Trump ignora o dice no saber que Estados Unidos es el segundo país que produce contaminación generalizada y además remata cuando expresa que el calentamiento global no es resultado de actividades humanas, sino que esto corresponde a un ciclo planetario que se presenta (sic) ¡cada dos mil millones de años! De su profunda ignorancia para entender la complejidad, quiere saltar a la cuadratura científica. Vaya audacia de tipo.

Ese comerciante convertido hoy en presidente norteamericano envía un mensaje devastador al planeta. No sólo hace reclamos a las naciones europeas en su composición y sustento de la OTAN, sino que al negar la participación yanqui en la lucha de 192 países que buscan evitar o paliar los estragos que causa el cambio climático, siembra temores que en voz de los expertos no sólo son mortificantes, sino que causan verdadero terror.

Ya nuestro Premio Nobel Mario Molina, muy seguido por José Sarukán, han advertido del temible aumento de dos grados más en el calentamiento planetario. Con la adición sola de Estados Unidos, para este año, vendrán más de tres mil millones de toneladas de dióxido de carbono, suficientes para acelerar el derretimiento de las capas de hielo en los polos y en Groenlandia.

Tanto Horst Pilger, jefe de operaciones regionales de la Unión Europea, como Michael Oppenheimer de la Universidad de Princeton, así como 17 expertos en el cambio climático, han advertido de que si el mundo rebasa el umbral de los dos grados, obligadamente, con las inundaciones que provocará el aumento en el nivel de los mares, tendremos escasez de alimentos y agua; las tormentas serán más frecuentes y seguidas; el calor puede tornarse insoportable y el abatimiento de calidad de vida para la mayoría puede volverse caótico y sombrío.

Al tomar decisiones, producto de sus impulsos, Trump arremete contra los que eran tradicionales aliados como México, Alemania, Francia, Dinamarca y muchos otros para romper lazos que durante años se han venido hilando. La desembocadura de tales arrebatos desconcierta incluso y en primer lugar a quienes lo llevaron al sitial en que se encuentra, después, vienen las consecuencias.

China, el número uno en contaminación difuminada por los cinco continentes, se amparaba en un razonamiento conveniente para ellos: “Tanto Estados Unidos como Europa tuvieron tiempo para desarrollarse y en ello se volvieron contaminadores. Denos el mismo tiempo y más tarde cooperaremos”. Al ver que Estados Unidos ya no tendrán el mismo impulso, están a punto de firmar el Acuerdo de París y con ello suplir el papel de los norteamericanos, es decir, estar a la cabeza.

Ayer y hoy se reúnen en Bruselas el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Junker y el primer ministro chino, Li Keqiang, para firmar un documento que va en lo opuesto a lo que piensa Trump: Libre comercio, inversión, migrantes, cooperación multilateral y un fondo de 100 mil millones de dólares destinados a luchar contra el cambio climático.

La ignorancia, insensibilidad y tosquedad de un individuo (increíble), pone en riesgo a grandes grupos de humanos.

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