Opinión

Un toque de moderación


 
Las perspectivas económicas del país requieren un toque de moderación en medio del optimismo desbordante.
 
Ayer, el tipo de cambio del peso frente al dólar se ubicó en 12.40 en el mercado al mayoreo.
 
Ya no nos acordamos, pero el 1 de junio del año pasado el dólar estaba en 14.35 pesos.
 
En poco menos de 10 meses, se ha producido una apreciación de nuestra moneda de 13.6%.
 
Esto no hubiera sucedido sin un cambio en la percepción que existe sobre México y sus perspectivas.
 
Sin embargo, el cambio ha sido tan drástico que puede resultar hasta preocupante.
 
Ayer, durante la Cumbre Económica de México organizada por Bloomberg, percibí en diversos inversionistas y empresarios esta preocupación.
 
Por un lado, hay una coincidencia de que México tiene ahora una oportunidad como no la había tenido en mucho tiempo.
 
En este espacio le he comentado que la capacidad de procesar reformas estructurales, finalmente, se combina con el reconocimiento de la estabilidad macroeconómica y con una pérdida de posiciones de Brasil y China, para dar una oportunidad extraordinaria a nuestro país, que ya es una de las estrellas de los mercados internacionales.
 
Pero, al mismo tiempo, existe la percepción de que muchos inversionistas ya están descontando el éxito que puede haber en reformas como la energética y la fiscal.
 
El 'superpeso' que tenemos y que algunos visualizan hasta en niveles de 12 por dólar, es resultado de la entrada de recursos apostando a los activos financieros y productivos del país.
 
Si, por alguna razón, no se concretaran las reformas esperadas o éstas fueran decepcionantes en su contenido, habría probablemente una huida de muchos recursos que ya dan hoy por hecho tales reformas.
 
No hay que perder de vista que la fortaleza que el Pacto por México dio al gobierno de Enrique Peña Nieto es frágil, aunque parezca una paradoja.
 
Su fragilidad deriva de que quienes suscribieron el acuerdo en el PRD y en el PAN, son dirigencias debilitadas y cuestionadas.
 
Si resultara que en las próximas semanas Madero y Zambrano, así como sus respectivos aliados, fueran rebasados por otros grupos de sus partidos menos proclives al Pacto, entonces el riesgo de que las reformas no se concretaran sería muy grande.
 
Al menos en la reforma energética se requiere de cambios constitucionales. Y para ello, el PRI necesita aliarse con alguno de los otros 2 partidos mayores.
 
Un riesgo adicional que no se ha ponderado suficientemente es que en aras de obtener ese respaldo, se gesten reformas que al final resulten muy débiles.
 
Por ejemplo, si en aras de satisfacer los reclamos del PRD no se cambian suficientemente las reglas en Pemex para permitir esquemas realmente atractivos para el capital privado, como los llamados contratos de riesgo, entonces probablemente nos quedemos con otra 'reforma light', que al final nada va a cambiar.
 
Una prueba será lo que suceda finalmente con la reforma en telecomunicaciones.
 
Al momento de escribir estas líneas, los diputados aún debatían respecto al contenido de esta modificación constitucional.
 
Si al final de cuentas se logran los consensos sin quitarle los elementos más interesantes de la propuesta de reforma, se dará una buena señal.
 
Si el choque entre las fracciones es demasiado intenso, al grado de que no haya posibilidad de que la reforma vaya, entonces quizás pudiéramos observar la primera grieta importante del Pacto por México.
 
Por lo que sea, un poco de prudencia nos caería bastante bien. No necesitamos un dólar de a 12 pesos ni tampoco una inundación de capitales que pueda convertirse en sequía si a la vuelta de los meses, de la euforia se pasa a la decepción.
 
enrique.quintana@elfinanciero.com.mx