Opinión

Un sismo llamado Ayotzinapa

 
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Los padres de los normalistas ofrecieron una conferencia de prensa en el Zócalo capitalino. (Eladio Ortiz)


El artículo primero de nuestra Carta Magna establece: “En los Estados Unidos Mexicanos todas las personas gozarán de los derechos humanos reconocidos en esta Constitución y en los tratados internacionales de los que el Estado Mexicano sea parte, así como de las garantías para su protección cuyo ejercicio no podrá restringirse ni suspenderse…”

A la luz no sólo de la tragedia de Ayotzinapa, sino de nuestro día a día, incongruencia es lo menos que se nos viene a la mente cuando presenciamos tortura, desaparición forzada, obstrucción de la justicia, injusticia, violación de derechos humanos, incertidumbre, dolor, impunidad, cobardía, nula confianza y un sistema de procuración de justicia por decir lo menos: deficiente. ¿Es México entonces un país de instituciones? ¿En dónde queda nuestra democracia? ¿Por qué no podemos los mexicanos tener un Estado de derecho? ¿Puede haber democracia sin respeto a la ley y sin la aplicación de la misma?

Después del informe proporcionado por el GIEI y a más de 19 meses de la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, no debemos perder de vista lo siguiente:

1. Ayotzinapa sigue moviendo fibras sociales y políticas muy sensibles.

El suceso así como su explicación pone en evidencia no sólo la ineficiencia en la procuración de justicia, sino la colusión de nuestras instituciones con el crimen organizado. Así de grande es el tema, y así de grave.

2. La impunidad alimentada de la corrupción hace imposible nuestro avance democrático. La incapacidad de los partidos en el Senado de la República de no lograr hasta ahora la legislación anticorrupción será una factura que tendrá que pagar y explicar antes de este proceso electoral y sin duda en el de 2018. Es increíble que habiendo un hartazgo y condena nacional a la corrupción, los partidos no hayan sido capaces de lograr una legislación que sancione este flagelo.

3. El GIEI si bien dejó más incertidumbre que certezas, deja una tarea infinita de repensar nuestro caduco, inoperante y corrupto sistema de procuración de justicia. Es increíble que unos extranjeros hayan desnudado esta grave y cruda realidad y que nos ha puesto en la opinión pública internacional y no hayan sido las instituciones nacionales y sus responsables.

4. El desprestigio de México ante la comunidad internacional ante la falta de garantías fundamentales ha quedado expuesto, destaca que el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos hizo un llamado a nuestro gobierno a asegurar el seguimiento efectivo del informe presentado por el GIEI y afrontar los retos estructurales ahí plasmados, pero también la CNDH y el gobierno de Estados Unidos de Norteamérica, sólo por hablar de lo más reciente.

5. Ayotzinapa estará presente en este proceso electoral y en el de 2018, y cuando este gobierno termine se llevará con él esta tragedia no aclarada hasta hoy de la desaparición de los 43 estudiantes, al igual que como la represión de 1968 marcó para la historia al gobierno de entonces.

Ayotzinapa obliga al Estado mexicano a fortalecer las instituciones blindándolas de herramientas anticorrupción, fortaleza que empieza y termina con la construcción de ciudadanía que impacte en donde éstas son más endebles: en el ámbito local. Construir un verdadero Estado de derecho es abonar también a contar con una mejor democracia, pues éste es consustancial a ella, ni más ni menos y lo que este abominable tema ha desvelado es la verdadera democracia es decir, una muy cuestionada y endeble, al no contar con un verdadero Estado de derecho, en el cual la procuración de justicia en nuestro país ha quedado en un lodazal.

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