Opinión

Un problema que Peña
no puede resolver

Me lo dijo ayer de nueva cuenta Bruno Cattori, Presidente y Director General de Chrysler de México (una empresa con diez mil empleados y siete plantas en el país): por cada cinco autos nuevos que se venden en México también son importados y colocados en el mercado nacional tres autos usados provenientes de Estados Unidos. Usados, fuera de regla. Una barbaridad.

Todos sabemos desde hace muchos años que la importación de vehículos usados de Estados Unidos ha dañado consistentemente a la industria automotriz nacional. ¿Qué explica, entonces, que la autoridad no haya puesto orden en el tema, y que la industria nacional esté estancada vendiendo no más de un millón de unidades en el mercado doméstico, cuando podría estar vendiendo 700 mil unidades adicionales?

A estas alturas, todo parecería indicar que hay cuestiones de negligencia y corrupción. Es a través de amparos que otorga el Poder Judicial de la Federación que varias empresas han hecho un negocio millonario utilizando esos recursos para importar estos vehículos usados.

El año pasado casi 650 mil autos y vehículos usados ligeros fueron vendidos aquí utilizando dichos amparos. De acuerdo con Catori, estos vehículos no cumplen con las especificaciones electromecánicas ni medioambientales que aplican en territorio mexicano, además de que quienes los compran no tienen acceso a garantías ni a la red de servicio que está a disposición de quienes adquieren su vehículo en los concesionarios automotrices autorizados.

Pero aunque el tema ha sido ampliamente discutido y ventilado, y aunque en el Consejo de la Judicatura y en el Poder Judicial entero se sabe del grave daño que se causa a una de las industrias más importantes del país, no ha habido resolución efectiva para ello, y el Presidente Enrique Peña, que hábilmente pudo cambiar la Constitución para dar cauce a la nueva era energética nacional, no ha podido poner orden en el sector, a pesar de los gritos y sombrerazos con que constantemente se manifiestan en la industria para conminarle a que lo resuelva.

Ojo: este no es un tema de proteccionismo, sino de orden institucional y respeto a la ley. México no puede entrar a una etapa de desarrollo si se sigue permitiendo que se vendan vehículos usados con cientos de miles de kilómetros rodados. Eso simplemente no pasa en países como Alemania o Reino Unido. Es un sinsentido que el Ejecutivo no haya activado un mecanismo de gran envergadura para contrarrestar este grave problema, sobre todo si se miran las magras cifras de crecimiento del PIB.

Al parecer hay cosas más complejas que una reforma energética para el Ejecutivo. Los amparos y el desastre de los autos usados importados son una de ellas.

Twitter: @SOYCarlosMota