Opinión

Un polvorín

No sin melancolía, Gil ha notado que todo es un polvorín en estos tiempos mexicanos; vuela la mosca y estalla el polvorín con fuegos demoniacos. Así leyó Gamés, con los ojos de plato, la noticia de las escaramuzas entre la Policía del Distrito Federal y una brigada defensiva integrada no se sabe muy bien por quienes -dicen que son estudiantes-, después de la persecución policiaca de un supuesto ladrón de un supuesto celular.

Otras lenguas afirman que la Policía buscaba a los autores de la quemazón del Metrobús. En la zacapela, un joven resultó herido de bala. Por cierto, unos estudiantes muy raros que pasan de los treinta años de edad, seguramente han estudiado dos carreras por eso han pasado (ado-ado) tantos años en la ciudad de los universitarios. Además llevan perros de ataque, seguramente aman a los animales y les enseñan defensa personal.

Al final, los granaderos entraron a Ciudad Universitaria, una frontera intocable, por cierto, y se enfrentaron con los estudiantes, o lo que sean, que habían incendiado el coche de los policías que vigilaban y perseguían la noche del sábado. La Policía resguardó el paso del Metrobús en Insurgentes. A la mañana siguiente, los estudiantes pusieron barricadas formadas por basureros y pedazos de parabuses a la altura del auditorio Che Guevara. En la facultad de Economía, los estudiantes se adueñaron de dos coches que utilizaron como barricada después de destruirlos. El polvorín en su punto.

Los perdones

El rector Narro hizo una aparición pública y declaró que la presencia de la Policía en Ciudad Universitaria era indeseable. El secretario de Gobierno del Distrito Federal, Héctor Serrano, ofreció disculpas a la comunidad universitaria por los incidentes. Gil leyó que durante la tarde del domingo, encapuchados cerraron Walmart y una tienda Aurrera. Habitantes del sur de la ciudad quedaron atrapados en el tránsito dos horas. Nadie les pidió perdón, por cierto. Ni los estudiantes, ni la Policía. Que quienes van y vienen el domingo a sus casas, se joroben, como decía la extinta madre de Gamés. Jorobados quedaron.

Oigan esto: durante la marcha de Copilco a Ciudad Universitaria para repudiar la entrada de la Policía a CU, los estudiantes exigieron la renuncia de Narro. Corearon: “Narro y Mancera: la misma chingadera”. Si alguien entiende algo, que por favor le explique a Gamés, que como se sabe es corto de entendederas. Esta refriega contra la lógica no tiene nombre, o sí lo tiene y se llama “hacerla de tos”, gran concepto político que acuñó Bergundio de Pisa. En serio, Bergundio (no empiecen) de Pisa existe y tradujo de latín las Pandectas. Aigoeeei, no se burlen de esta verdad.

Los encapuchados y los no encapuchados exigen la renuncia de Narro frente a Rectoría, como si el rector hubiera facilitado la entrada de la Policía a CU. Sólo falta que las brigadas de choque formadas por los encapuchados le exijan al rector Narro que él personalmente realice la guardia cada noche para vigilar las fronteras de la Ciudad Universitaria: Se nos informa que el rector durmió en avenida Universidad y no reporta invasión alguna. Los estudiantes, o lo que sean, no necesitan un rector sino un vigía. "Vi pasar una patrulla a lo lejos, muchachos", informaría el rector, y los muchachos de inmediato quemarían un Metrobús y dos coches particulares. Es que de veras.

Suma y suma

El corazón simple de Gil pregunta: ¿la autoridad debe investigar, descubrir y, en su caso, presentar a los autores del atentado contra el Metrobús? ¿O es mejor dejarlo pasar porque la situación política es muy tensa y no conviene detener criminales? Convendría saberlo, si los delitos dejarán de perseguirse, Gamés tiene algunas ideas más o menos interesantes. ¿Esa libertad incluyó el robo en almacenes de reconocido prestigio? ¿Uno roba, golpea al empleado de la tienda y se va tranquilo a casa? Suena bien.

Años y años de permitir toda clase de barbaridades en las calles: pedreas de la CNTE, el Zócalo tomado semanas y convertido en una feria de la delincuencia, el Monumento a la Revolución convertido en un muladar, el auditorio Che Guevara en manos de rufianes durante más de diez años, los agricultores de Atenco desfilando armados de machetes por las calles del Distrito Federal, los integrantes de la CNTE impidiendo la llegada al aeropuerto de la ciudad de México, el SME atentando contra módulos de la CFE, incendiando los coches de la Comisión, los normalistas de Ayotzinapa bloqueando la autopista del Sol y asesinando al empleado de una gasolinera que estalló durante el ataque de los normalistas, miembros de la Sección 22 impidiendo que se abran los comercios del Centro de Oaxaca, un Congreso local en llamas, un Palacio Municipal en llamas, edificios de partidos políticos apedreados y quemados. ¿Seguimos? Necesitaríamos una plana más para estas palabras del fondo.

En el ático de las frases célebres, se oyó esta frase de Asimov: “La violencia es el último recurso del incompetente”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX