Opinión

Un peso fuerte y competitivo


 
 
Ayer, de acuerdo con los datos del Banco de México, la paridad del peso frente al dólar cerró en 12.71 unidades por cada divisa estadounidense.
 
Hace un año, pocos creían que la paridad pudiera sostenerse en estos niveles, debido a la incertidumbre que existía en la economía internacional.
 
El tipo de cambio se ubicaba en 12.96 pesos por dólar y muy pocos pensaban que nuestra moneda aún pudiera revaluarse un año después.
 
Si hacemos una retrospectiva de mediano plazo y nos remontamos a un lustro atrás, casi al final de enero de 2008, encontramos una paridad de 10.84 pesos por dólar.
 
Esto quiere decir que nuestra moneda se depreció apenas a un ritmo de 3.2% cada año, como quien dice, ni siquiera al ritmo de la inflación.
 
De hecho, en términos de diferenciales de inflación con Estados Unidos, la depreciación real acumulada en un lustro completo es de apenas 4.8%, lo que implica 0.9% cada año.
 
Esto significa que en medio de las fluctuaciones que ha experimentado, nuestro peso ha mantenido una paridad relativamente estable frente a la moneda estadounidense.
 
Este hecho es relevante por 2 factores:
 
Por un lado, se ha convertido en uno de los elementos fundamentales de la estabilidad económica en México, que ha contribuido tanto a la baja inflación como a la percepción general de un ambiente económico y financiero estable.
 
El segundo factor es que esta estabilidad ha coexistido con un crecimiento destacado de las exportaciones de manufacturas, que alcanzó 30.8% en este periodo, lo que implica una tasa anual de 5.4% en promedio, la que no está nada mal en el contexto de una crisis internacional de por medio.
 
Por años, tanto algunos empresarios como analistas señalaron que un peso débil frente al dólar era una condición esencial para dinamizar nuestras exportaciones.
 
La evidencia que obtenemos con las cifras de cierre de 2012, es que el crecimiento exportador de mediano plazo ocurre principalmente por el incremento de la productividad y competitividad de nuestra industria manufacturera.
 
Los indicadores de competitividad laboral más recientes de México revelan un avance de 4.6% en el último lustro, cuando en otras naciones se presentan retrocesos para este periodo.
 
Claro que si tuviéramos una política cambiaria orientada a generar ventajas para las exportaciones mexicanas, probablemente ese indicador sería más alto.
 
Sin embargo, el costo sería un deterioro de la capacidad de compra de los salarios de la industria.
 
La realidad es que el factor de competitividad determinante en México es la productividad de su fuerza laboral, porque, de hecho, los salarios de la industria, medidos en dólares, subieron 6.1% en el último lustro.
 
Es falso que la gran ventaja competitiva de México sea el deterioro salarial. La gran ventaja, debe insistirse, es la productividad de su fuerza laboral y su ubicación geográfica, pese a muchas desventajas en otros costos y en el marco institucional.
 
Lo que es un hecho es que se ha demostrado que es compatible el crecimiento de las exportaciones con la estabilidad del tipo de cambio.
 
La tarea que resta por hacer -gigantesca- es transmitir los beneficios del crecimiento exportador al conjunto de la economía.
 
Regresa Lorenza
 
Excelente fichaje hizo el Banco de México al reintegrar a Lorenza Martínez a su staff.
 
La exsubsecretaria de Industria volverá (ya lo fue) a ser la mujer con más alto rango en el Banco de México.
 
Se convertirá a partir de febrero en la única directora general del Banxico, y tendrá la responsabilidad de Estrategias, Riesgos y Sistemas de Pago, una de las más relevantes dentro del banco central.
 
enrique.quintana@elfinanciero.com.mx