Opinión

Un paso

 
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Pedro Kumamoto

A quienes son compañía, maestras, amigos y cómplices.

La última semana de mi vida me ha marcado. Al lado de amistades y maestras de vida he disfrutado de hacer política, de conocer mejor mi estado, de abrazar a cientos de personas. Esta ha sido una semana de ensueño.

Despertamos en una cama que no era la de casa, amanecimos y olía a leña que se consumía para calentar a Tapalpa. Subimos al auto con los primeros rayos del sol. El aire pegaba frío, la montaña nos recordaba que ella mandaba.

Vimos a lo lejos el famoso 'llano' que Juan Rulfo añoraba y nos pareció verlo brillar. La carretera, llena de baches y maleza, era una vena agreste que nos conducía por la sierra del sur de Jalisco. Las horas en el camino se hicieron cortas viendo la vegetación, los cultivos y las hermosas nubes.

Cada pueblo nos descubría sus casonas y haciendas, monumentos centenarios erigidos con tal armonía y elegancia que se dice que arquitectos como Barragán y Urzúa se inspiraron en ellas para desarrollar su estilo característico. No sé qué tan cierto sea ese rumor, pero parece verosímil al ver que el paso del tiempo sólo las ha vuelto más memorables.

Tomamos ponche de granada, raicilla y tejuino, escuchamos el mariachi de la región, comimos unos taquitos de la estación y compramos palanquetas y pan envinado en una tienda que regentean los parientes de Juan José Arreola, el astro de Ciudad Guzmán, ese hombre que a su edad avanzada vagaba por el centro con su capa y sombrero, lo cual atraía la curiosidad de los niños locales y visitantes.

Contemplar esta región nos hizo entender por qué Refugio Barragán eligió a el volcán de Colima como guarida para su novela La hija del bandido, quizás una de las primeras novela escritas por una mujer en México.

El viento sopla y las leyendas de ánimas se mezclan con la arena de la Laguna de Sayula, con los altos cañaverales de los valles de Tamazula y con los cohetes y campanadas de las fiestas del pueblo. Creíamos que esta semana no podía mejorar, nos equivocabamos. Ahí, en esa región, nos dimos cuenta que era cuestión de días para que lográramos las firmas necesarias para que se consolidara mi aspiración a una candidatura independiente al Senado de la República. Como ave de temporal, migramos a la casa para recibir un tiempo de celebración.

No ha sido nada sencillo, pero hemos aprendido a gozar, a entender con calma y a sentir día con día. Durante este tiempo hemos viajado la distancia que hay entre Mérida y Tijuana (algo así como cuatro mil kilómetros) dentro de Jalisco. En estos días hemos plantado un par de ideas que dieron fruto en más de 116 mil firmas, logrando presencia en cada uno de los municipios de nuestra entidad. También hemos convencido a dos mil 349 personas de ayudarnos a reunir firmas sin pagarles un solo peso. Sirvan estas líneas como un cariñoso homenaje a esas abuelas, compañeros, trabajadoras, académicos, soñadoras que se han vuelto fulgor en días oscuros y en risas en momentos de quebranto.

Gracias a cada región, donde hemos conocido a personas extraordinarias que todos los días quieren ayudarnos.

Sirva también este espacio para decir que seguiremos en las calles con la misma dicha en brigada. Esto no es un cierre, porque quedan doce días para seguir recolectando el apoyo para esta aspiración y necesitamos juntar cuantos sean posibles para dar un mensaje contundente y lleno de esperanza. Esto aún no es un cierre porque seguiré un mes más en las calles juntando firmas con las nueve aspiraciones a candidaturas independientes a diputaciones locales que estamos impulsando. En todo caso hemos dado un paso en este maratón. Faltan muchos, cada uno vital, cada uno la celebración de este camino en la política.

Twitter: @pkumamoto

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