Opinión

Un Papa distinto en un México diferente

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El Papa dijo que se necesita un compromismo consensuado contra el calentamiento lobal. (Reuters)

“Cuiden la salud, pero sobre todo cuiden de no caer en una enfermedad... no caigan en el ‘Alzheimer espiritual’...”.

“Está la tentación de seguir a Jesús por ambición, ambición de poder... no hay lugar ni para la propia ambición ni para las riquezas ni para ser una persona importante en el mundo... la Iglesia no es una empresa, no es una ONG...”.

“Por favor no cobren la gracia, no cobren la gracia. Por favor, que nuestra pastoral sea gratuita”.

Los pilares de la labor religiosa son: “cercanía a los pobres, a los refugiados, a los inmigrantes, a los enfermos, a los explotados, a los ancianos que sufren la soledad, a los encarcelados. Y a tantos otros cristianos que sufren...”.

Estos son sólo algunos de los mensajes que el Papa Francisco ha dado a las mujeres y hombres que han optado por la vida religiosa. Un mensaje en el que las palabras son eco de una forma de vida que el Papa ha elegido y que ha cimbrado dentro y fuera del Vaticano.

En su visita a Nueva York, frente a los obispos, calificó como crímenes los actos de pederastia y reconoció que “han sufrido mucho a causa de la vergüenza provocada por tantos hermanos que han herido y escandalizado a la Iglesia en sus hijos más indefensos”. 

El Pontífice se sacudió los símbolos de poder material desde el primer segundo de su mandato y confrontó la forma y el fondo en la manera de vivir, particularmente de la jerarquía católica. Pero este ha sido apenas el inicio de un papado distinto.

Para Bergoglio, la Iglesia es “la casa paterna en que hay espacio para todos”. Por eso afirmó que si una persona es homosexual y busca a Dios, y tiene buena voluntad, “¿quién soy yo para juzgarla?”. La Iglesia ha dicho también “no debe cometer una injerencia espiritual en la vida personal porque Dios en la creación nos ha hecho libres”.

El mensaje del Papa a los divorciados es que forman parte de la Iglesia y no están excomulgados como algunos piensan. La Iglesia, insiste, “es la casa de todos, no una capilla en la que cabe sólo un grupito de personas selectas...”.

A los jóvenes les ha dicho: “¡hagan lío!, pero también ayuden a arreglar y a organizar el lío que hacen. Las dos cosas... un lío que nos dé un corazón libre, un lío que nos de solidaridad, un lío que nos de esperanza. La explotación, la falta de medios para sobrevivir, la drogadicción, la tristeza, todas esas cosas nos quitan la libertad”.

Sobre la corrupción ha afirmado: “es un proceso de muerte... el corrupto no puede aceptar la crítica... busca disminuir cualquier autoridad moral que pueda cuestionarlo... se cree un vencedor, se pavonea para menospreciar a los otros... no conoce la hermandad sino la complicidad y la enemistad.

“La escandalosa concentración de la riqueza global es posible a causa de la complicidad de los responsables de la cosa pública con los poderes fuertes... La corrupción no puede contra la esperanza”. 

Pocas horas antes de su visita a México en un discurso desde el Vaticano dijo saber sobre la dramática situación que se vive en la frontera entre México y Estados Unidos, y nos convoca a que “antes de que sea demasiado tarde, se puede hacer mucho para detener las tragedias y construir la paz con relación al tema de la migración, se necesitan establecer planes a medio y largo plazo”.

Este es Bergoglio, el primer Papa latinoamericano, el Pontífice jesuita que a diario sacude a la Iglesia con el poder de su ejemplo y que a diario convoca para la solidaridad y una transformación profunda que permita regresar al origen, que haga posible abrir las puertas de la Iglesia. Este es el Papa que está por descender del avión a nuestro país y encontrase también con realidades distintas a las que enfrentaron sus antecesores.

De la mano de la alegría, esperanza y fe con que miles de mexicanos aguardan su llegada, el Papa ya ha escuchado las voces de dolor, enojo, hartazgo, cansancio y desesperanza. Ha recibido peticiones para encontrarse con padres que no encuentran a sus hijos, o mexicanos heridos en su dignidad y márgenes de libertad.

Llegará a un México que trabaja sin descanso por salir adelante, pero cuyo ánimo es profundamente distinto al de hace apenas algunos años. Frente a esta visita hay muchas interrogantes y estamos a unas cuantas horas de que un Papa distinto aterrice en un México que ya hace rato dejo de ser el que era.

Twitter: @JosefinaVM

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