Opinión

¿Un país de primaria?

Hace unos días el BID hizo público su estudio Gradúate XXI (www.graduatexxi.org) sobre los problemas de la cobertura de educación secundaria en la región y algunas propuestas de cómo universalizar la permanencia en este nivel escolar. El estudio destaca que en México, como en buena parte de la región, sólo la mitad de los alumnos termina la secundaria.

Si bien los jóvenes que se gradúan de secundaria consiguen mejor empleo, tienen sueldos más altos y mejores posibilidades para construir un futuro de bienestar, lo cierto es que 5 de cada 10 niños abandonan la escuela.

Los factores que inciden en la deserción son de índole familiar, social y económico. Los padres y sus hijos carecen de los incentivos, la estructura y el contexto necesarios para determinar el costo/beneficio de la secundaria.

Además, según el estudio hay un elemento central que anima la deserción: los alumnos no consideran que lo que estudian les será útil. Se destaca la “falta de interés” como uno de los factores que más inciden en el abandono escolar. Lo que los maestros enseñan, la capacitación y desarrollo profesional que reciben, las prácticas pedagógicas y el contenido de las materias nada o muy poco tienen que ver con lo que un muchacho de 13 años está buscando. Ante esto, estamos obligados a reevaluar algunas de las políticas de educación que se impulsan en esta administración. Por ejemplo, ¿no sería mejor que una tablet la tenga una joven de 14 años, en lugar de un niño en quinto grado de primaria? Le daría una plataforma ágil, interesante, útil para investigar y aprender; abonaría a promover las destrezas y habilidades del siglo XXI que el sistema de educación debiera fomentar.

Más grave aún, el abandono escolar profundiza la ya alarmante iniquidad social de nuestro país. Mientras que 70 por ciento de los estudiantes con mayores recursos se gradúan de secundaria, menos de 30 por ciento de los jóvenes con menores recursos logran alcanzar este objetivo. Vivimos pues en un círculo vicioso, siniestro, de pobreza–atraso–marginación–falta de estudios–improductividad.

Urge resolver este problema. Debemos reinventar la secundaria. Se requiere una verdadera revolución, disruptiva, para innovar en esta asignatura. ¿En manos de quién estaría encausarla? ¿Cuándo y cómo arranca?