Opinión

Un padre permisivo

   
1
  

   

Renato Sales

La semana pasada se difundieron una serie de declaraciones del Comisionado Nacional de Seguridad, Renato Sales, donde destaca el difícil panorama de seguridad que se heredó del sexenio de Felipe Calderón. “En el año 2007 teníamos 8.1 homicidios por cada 100 mil habitantes, en el año 2012, 22.2 por cada 100 mil; ahora estamos en 17 por cada 100 mil… habría que preguntarnos qué fue lo que pasó de 2007 a 2012.” Sales tiene en parte la razón. El gobierno de Calderón fue un desastre histórico en materia de seguridad. Las malas decisiones de aquellos años generaron un costo humano estremecedor. También propiciaron el surgimiento de mafias muy violentas que sometieron a las autoridades locales de una forma nunca antes vista. Este lastre no se iba a terminar de la noche a la mañana, y nos seguirá pesando aún por muchos años más. A Calderón, en efecto, casi se le triplicó la tasa de homicidios. Salvo en el caso de guerras civiles, no puedo pensar en ningún gobierno de un país de las dimensiones de México al que la violencia le haya aumentado de forma tan dramática en tan poco tiempo.

Sin embargo, el mensaje de Sales termina por sonar a deslinde. El PAN ya pagó la factura en la elección de 2012 y –a fines del cuarto año de gobierno– lo importante no parece ser preguntarnos qué pasó en el sexenio pasado. La reflexión relevante, en términos políticos y de política de seguridad, es si de 2012 a la fecha se han tomado las medidas necesarias para recuperar la paz, y si se están alcanzando resultados. Al respecto, la reducción de los delitos del año pasado que Sales mencionó ciertamente es alentadora. La incidencia delictiva por cada 100 mil habitantes registrada en 2015 fue 15% menor a la observada en 2014.

Sin embargo, frente al dato positivo de los delitos reportados en la ENVIPE observamos muchas otras señales negativas. Por supuesto, la más grave es que el homicidio va en aumento, y no sólo en algunos estados. En 2015 ya tuvimos un modesto incremento nacional de la tasa de homicidios, y para 2016 podemos esperar un incremento mayor. De acuerdo con las cifras del SESNSP, de enero a septiembre de 2016 hubo 16,747 víctimas de homicidio doloso, 27 por ciento más que para el mismo periodo de 2014; un aumento que difícilmente podemos considerar “no sustancial”.

Efectivamente, como señala el comisionado, el reciente incremento de los homicidios es resultado de dinámicas regionales (la violencia del crimen organizado, que en México es el factor que mueve las tasas de homicidio, generalmente es de naturaleza local o regional). Por supuesto, si las autoridades municipales y estatales hubieran asumido su responsabilidad, no tendríamos escenarios como los que hoy vemos en Colima (donde las ejecuciones este año han aumentado 352%) o Puebla (229%).

Sin embargo, México es un país de instituciones locales sumamente débiles y sin contrapesos reales. Más allá de la retórica del federalismo, para que el país funcione es necesario que el gobierno de la República asuma un papel similar al de un padre de familia. Desafortunadamente, en materia de seguridad, el gobierno ha sido un padre permisivo. Ha comprado juguetes caros y ha entregado estipendios generosos, pero no se ha metido a fondo y a tiempo a investigar cómo se ejercen los recursos en los estados. Sólo después de eventos escandalosos, como la desaparición de los 43 estudiantes en Iguala, o los videos donde se exhibía la complicidad entre Los Caballeros Templarios y el gobierno michoacano, hubo algunas consecuencias. Un golpe de timón en torno a esta actitud permisiva es la única oportunidad que el gobierno de Peña Nieto tiene para componer el difícil panorama de seguridad en los dos años que le quedan.

Finalmente, cabe destacar que en las declaraciones del comisionado también hubo una interesante reflexión sobre el lugar que los criminales merecen en la narrativa de seguridad. Al respecto Sales señaló: “uno de los grandes errores, a mi juicio, de estrategias pasadas, es considerar que los delincuentes son enemigos, darles rango de beligerancia. Son simples y vulgares delincuentes”. Éste es un punto fundamental.

En una guerra se derrota al enemigo a cualquier costo. Sin embargo, el crimen organizado es un enemigo al que no se puede derrotar. Siempre existirá, en México como en todos los países del mundo. Por ello, el exterminio es una peligrosa fantasía que sólo ha generado más violencia y más oportunidades de negocio para los propios criminales. A las organizaciones criminales nunca se les derrota, se les domestica y se les imponen límites. Relegar a los criminales del rango de enemigos es un paso positivo para cambiar la manera como todavía operan las Fuerzas Armadas y algunas corporaciones policiales. Para recuperar la seguridad en el país tenemos que superar la lógica de la captura y el abatimiento de blancos –inherente a la lógica de que los criminales son enemigos– y plantearnos, más bien, cómo disuadimos las conductas criminales que más daño le hacen a la sociedad.


Twitter: @laloguerrero

También te puede interesar:
'Bad hombre', 'big loser'
El hartazgo militar
De peces gordos y un fiscal daltónico