Opinión

Un nuevo enfoque en Francia: seguridad sobre austeridad

 
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FT.Sentirnos inútiles en el trabajo garantiza que nunca lo seamos.

La Gran Depresión no terminó con la victoria intelectual de la economía keynesiana. De hecho, la publicación de “The General Theory”, de Keynes, fue seguida por el gran error de 1937, cuando el presidente Franklin D. Roosevelt intentó equilibrar el presupuesto muy pronto y mandó a la economía a una severa recesión. Lo que puso un punto final decisivo a la caída fue la Segunda Guerra Mundial, que llevó a un gasto deficitario en tal escala que hubiera sido políticamente imposible en Estados Unidos.

Esta historia es lo que me llevó a sugerir de manera chistosa hace unos años que debíamos fingir una amenaza de alienígenas espaciales para proveer una cubierta políticamente aceptable para el estímulo.

Ahora Francia ha sido atacada, desafortunadamente, por terroristas reales y no por falsos alienígenas, y el presidente François Hollande está declarando que la seguridad debe tomar precedencia sobre la austeridad. ¿Esto es el principio de algo grande?

Yo debería presentar un descargo de responsabilidad obligatorio que no servirá de mucho ante la estupidez. No estoy diciendo que el terrorismo sea algo bueno, de la misma forma en que quienes señalamos el estímulo fiscal de los años de la guerra no estamos diciendo que la Segunda Guerra Mundial haya sido buena. Simplemente estamos intentando reflexionar sobre algunos efectos colaterales de la atrocidad.

La pregunta que deberíamos plantear es si la indisciplina fiscal causada los por yihadistas marcará una diferencia significativa en el desempeño económico de Francia.

Supongo que probablemente no. En Estados Unidos, el gasto en defensa y seguridad aumentó en alrededor de 2.0 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) luego del 11 de septiembre, pero eso conllevó una formación militar mucho más grande que la que Francia probablemente emprenda ahora, además de que incluyó a la guerra de Irak. Lo más probable es que estemos hablando de una fracción de punto porcentual del PIB, lo cual es un monto pequeño en comparación con la austeridad que Europa ha impuesto en los últimos años.

A menos que la respuesta de Francia sea mucho más grande de lo que me estoy imaginando, el impacto sobre el crecimiento no será muy grande.

La farsa es fuerte en este caso

Y con este otro, y con ese otro y, bueno, por todas partes.

La respuesta del ala derechista a los ataques de París no tardó nada en convertirse en una vil caricatura que me ha hecho sentir nostalgia por la moderación y habilidad de estadista de Donald Rumsfeld y Dick Cheney.

Marco Rubio, el candidato presidencial republicano, dijo en This Week, un programa de la ABC, que tenemos que denunciar al islam radical en general -y no a los yihadistas en particular- debido a Hitler. Después de todo, hacer del islam el equivalente retórico del nazismo es una forma excelente de ganarse el apoyo de los mil 600 millones de musulmanes del mundo.

El historiador Niall Ferguson escribió en una columna reciente para The Australian que un ataque terrorista en un par de lugares dentro de una enorme metrópolis moderna por parte de un reducido número de gatilleros es como el saqueo de Roma por parte de los godos.

Y el comentarista conservador Hugh Hewitt piensa que sacar totalmente de contexto una declaración del presidente Barack Obama en Twitter convencerá a alguien salvo a la base derechista de que el hombre que cazó a Osama Bin Laden ha sido todo el tiempo un simpatizante antiestadounidense de los terroristas.

Deliberadamente, he seleccionado a personas que a veces son presentadas como moderadas, inteligentes o ambas cosas. Ese es el estado del ala razonable de la derecha moderna.

Twitter: @NYTimeskrugman

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