Opinión

Para 2018 un Mujica, no un Maduro

Seguramente Nicolás Maduro cree que no haber venido a la Cumbre Iberoamericana en Veracruz fue un desdén para México, pero en realidad su ausencia fue un placer.

Nos libramos de darle un trato protocolario de cortesía a un presidente impresentable, que va a encarcelar a su opositora, María Corina Machado, al acusarla de un complot (¿le suena?) para asesinarlo.

Machado, quien fue despojada de su investidura como diputada por la mayoría oficialista en el Congreso, enfrenta ahora una acusación inverosímil: confabularse con terceros para matar a Maduro.

Como prueba de la implicación de Corina Machado para asesinar al presidente, se presentaron correos electrónicos en los que la exdiputada urdía la trama criminal, pero la prestadora de servicios Google dio testimonio de que tales correos eran falsos.

La valiente líder está a un paso de ir a la cárcel, simplemente porque Maduro no puede con ella en el terreno de la legalidad.

De esa manera se ahorca a la oposición en Venezuela: otro líder de relevancia nacional, Leopoldo López, está en la cárcel por participar en manifestaciones contra las políticas de Maduro, aunque no haya cometido ningún delito.

Lo que hay en Venezuela es una dictadura mal disfrazada, pues cuenta con poder para gobernar por decreto y no permite que se expresen las voces disidentes.

Qué bueno que Maduro no vino a Veracruz. Habría sido muy incómodo tenerlo como huésped en un país democrático donde se respetan las disidencias, como es México.

En cambio, para nuestra fortuna, vino el que ha sido la estrella de esta reunión, José Mujica, presidente de Uruguay.

Hombre de izquierda, exguerrillero tupamaro, Mujica se reconcilió con la democracia representativa y la practica. Respeta y dialoga con los opositores, y en su país hay pleno respeto a la libertad de expresión.
Mujica es, ante todo, un presidente ejemplar.

Así de sencillos deberían ser nuestros presidentes, o algo parecido.
Su humildad no es de fachada, sino genuina. Se mueve en un viejo Volkswagen, sin escoltas, porque en su país hay un clima de seguridad bastante aceptable que le permite a su presidente andar en vocho.

Hace fila como cualquier uruguayo para recibir atención médica en el Seguro Social de su país, desdeña los protocolos empalagosos y deja muy bien puesto el nombre de su país.

Su conducta, encomiable desde luego, va en el mismo tono que los resultados en el combate a la pobreza que han sido un éxito en su país.
Claro, Uruguay es un país con menos de tres y medio millones de habitantes. No es tan difícil gobernar y conciliar. Aquí en el IMSS solamente hay 65 millones de derechohabientes.

Y para bendición de los uruguayos, ahí tienen más reses que habitantes: casi 12 millones de cabezas de ganado. Hay comida.

Pero la izquierda ha gobernado bien en Uruguay. Cuando ésta llegó al poder hace ocho años, 39 por ciento de la población vivía por debajo de la línea de pobreza, y la bajaron a 13 por ciento.

En 2004 había 34 mil hogares uruguayos en la indigencia, y se redujo a dos mil 900.

Por eso da gusto que esté en México un presidente de izquierda como José Mujica, porque es un ejemplo de sencillez y de eficacia a la hora de gobernar.

Uno así, o parecido, es lo que necesitamos para 2018. Y no un Maduro.

Twitter: @PabloHiriart