Opinión

Un mensaje para los diplomáticos mexicanos


 
Muy estimados señores diplomáticos:
 
Pocas reuniones en el año permiten una visión tan global como ésta, en la que ustedes participan a partir del lunes pasado.
 
 
Aunque cada año es muy importante esa reunión, pues da las líneas de lo que el gobierno mexicano transmite a sus representantes en el mundo, ahora lo es más que en otras ocasiones.
 
La razón es que el México del que van a hablar es muy diferente a aquel del que venían hablando.
 
Y no es porque a partir del pasado 1 de enero nuestro país haya cambiado, sino porque a lo largo de los últimos meses se han creado las potencialidades de un cambio, como no había tenido lugar desde hace décadas.
 
Sin embargo, el reto para la Cancillería y para el gobierno en su conjunto es transmitirles adecuadamente en qué momento nos encontramos.
 
 
Entre ustedes, hay algunos, aunque pocos, que les tocó vivir la experiencia del gobierno de Carlos Salinas de Gortari.
 
 
Sin duda fue un régimen de profundas transformaciones.
 
Sin embargo, uno de los problemas propiciados por el mismo gobierno, pero sobre todo por empresarios e inversionistas, fue generar una expectativa que no se pudo cumplir.
 
 
Gabriel Zaid la calificó entonces acertadamente como un “sobregiro de la confianza”.
 
 
Se “vendió” al exterior y al interior un país que se supone iba a cambiar mucho más de lo que realmente cambió.
 
 
El doloroso despertar ocurrió en la madrugada del 1 de enero de 1994, y luego en las pesadillas que vivimos en aquel año.
 
 
Ni de lejos estamos cerca de una circunstancia como la de entonces, ni en la política ni en la economía. Sin embargo, la analogía sí tiene que ver con el momento que vive realmente el país.
 
 
Señores diplomáticos, ustedes deben tener la capacidad para identificar hasta dónde se ha llegado en las transformaciones del país y todo lo que aún hace falta.
 
Quizás les sería de utilidad leer el artículo que se publica en la edición de esta semana de Bloomberg Business Week, que se titula: “El reformador mexicano necesita acelerar”.
 
 
El texto habla acerca de la profundidad de los cambios que ya se han realizado en México, pero al mismo tiempo señala todas las tareas que siguen pendientes y que van a requerir muchos esfuerzos con resultados que probablemente no se noten en el corto plazo.
 
Para ustedes sería mucho más fácil hablar de un país que crece al 7 por ciento con estabilidad cambiaria y con seguridad pública y jurídica.
 
Pero, de lo que tienen que hablar es sólo de un país que, a través de su gobierno y su Congreso, cambió diversas reglas del juego en la Constitución y está en el proceso de crear legislación e instituciones que le permitan ir para adelante en la competitividad del país.
 
 
Sin embargo, parte de la clave del éxito de la estrategia del gobierno es que la inversión extranjera crea que las transformaciones que se van a hacer en el país son firmes y eficaces, y que no habrá marcha atrás.
 
 
Pero además, tendrán que explicar que se tiene la capacidad para mejorar en materias que aún no son ni medianamente atendidas, como el asunto de la seguridad pública.
 
Es muy difícil pensar en que aún hay muchísimas cosas por hacer después de todos los cambios que ya se lograron en el 2013. Pero ese es precisamente el caso.
 
De hecho, sin buena legislación secundaria así como proyectos realizados, no servirá de gran cosa haber hecho cambios constitucionales tan importantes como los efectuados.
 
 
Así que, señores diplomáticos, ahora que están escuchando a los diversos funcionarios del gobierno de Enrique Peña, entiendan que seguramente cada uno va a querer abonar en su terreno.
 
 
Ustedes tienen la responsabilidad de ubicar con cuidado en dónde estamos parados, la enorme oportunidad que tenemos y lo que aún tiene que hacerse para aprovecharla. Parte de lo cual, les corresponde a ustedes.
 
 
Si alguien les dice que ya atravesamos el río y estamos del otro lado… recuerden el año de 1994.
 
 
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