Opinión

Un marine en la cárcel

Andrew Tahmooressi –ciudadano estadounidense– es veterano de la guerra de Afganistán. Sargento en retiro, infante de Marina, está a punto de cumplir cinco meses en una cárcel mexicana en Tijuana, Baja California. Está acusado de portación ilegal de armas de fuego, de tráfico de armas –las introdujo ilegalmente a México– aunque asegura que no sabía y que no quería venir. El 31 de marzo de 2014, pasadas las dos de la madrugada según los testimonios de agentes del Servicio de Aduanas, el sargento Tahmooressi llegó a la garita de San Ysidro.

Declaró que no quería entrar a territorio mexicano, sino que por error había tomado el freeway equivocado que desemboca en el cruce fronterizo. En realidad quería ir a San Ysidro donde lo esperaban unos amigos. Los agentes detectaron algo extraño en su lenguaje y forma de comportarse y lo pasaron a la aduana, donde los agentes encargados realizaron una revisión del automóvil. En la cajuela encontraron –según consta en el acta ministerial– una escopeta calibre .12, un rifle M6A2 spartan, una pistola calibre .45 y 300 cartuchos de estos diferentes calibres para abastecer las armas señaladas.

Después de la revisión los agentes llamaron a efectivos del Ejército destacados en la frontera, quienes lo amagaron, esposaron y detuvieron. Tahmooressi dijo entonces que era un error, que su intención no era cruzar la frontera y que estaba ahí por una distracción en el camino y el diseño de la carretera que carece de retornos en ese tramo.

Para cualquiera que haya conducido su vehículo por esa franja fronteriza, sabrá con detalle que se encuentran desplegados grandes y vistosos letreros del lado americano, donde se informa a los viajeros que en México está prohibida la portación de armas. Se informa además que es un delito y que se castiga con cárcel. Los letreros informan cada tantos metros de la proximidad del cruce fronterizo y de los horarios y carriles en horas pico. Es inverosímil creer que alguien en sus cabales no se haya percatado de que se dirigía a una garita fronteriza. Más aún, en el expediente de la PGR se asienta que Tahmooressi había cruzado en tres ocasiones anteriores por ese punto en meses previos. Los abogados del militar –ha cambiado tres veces de equipo de defensa en cinco meses– afirman que se cometió un abuso en el momento de la detención porque aseguran que le dijeron “una camioneta vendrá por usted para conducirlo de regreso a EU”, que no le respetaron sus derechos y exigen su liberación.

En Estados Unidos (EU) el caso ha crecido en relevancia y en impacto en redes sociales. Sitios de internet exhiben al oficial en uniforme, veterano “defensor de la patria” injustamente encarcelado. Su madre encabeza una campaña a favor de la defensa de su hijo, al grado de que más de un exmilitar y antiguo compañero de armas, han planeado una “operación rescate” de Tahmooressi de la cárcel. Digna estampa de cualquiera de los Rambos.

El asunto ha elevado el tono y hasta el secretario de Estado John Kerry abordó el tema con diplomáticos mexicanos y funcionarios del gobierno en privado. Grupos de republicanos en la Cámara, han fustigado con el tema para incendiar sentimientos “patrióticos” justo a unos meses de las elecciones de medio término en que se renueva la totalidad de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado. Es un tema de enorme rentabilidad política en tiempos electorales, pues argumentan que la Casa Blanca y Obama han mostrado absoluta debilidad para la defensa del veterano. Esa doble moral tan presente en los círculos políticos y muchos otros en EU.

A nuestros compatriotas se les exige –bajo pena de deportación y cárcel– cumplir obligatoriamente con las leyes de su país. A un estadounidense se le puede –y debe– perdonar no cumplir con las leyes de nuestro país.

Por lo pronto hay un juicio en proceso, se presentan pruebas de cargo y descargo de ambas partes y un juez emitirá su fallo en las semanas siguientes. Esperemos que pueda hacer a un lado la creciente presión política en ambos lados de la frontera.