Opinión

Un gobierno que no mete segunda

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CNTE

Si la cúpula de la Sección 22 de la CNTE entiende el mensaje que se le envió el pasado martes, el futuro sería más o menos así: los líderes magisteriales que durante años han lucrado de manera discrecional con cientos de millones de pesos, que han sobajado a otros maestros disidentes a la “disidencia oficial”, que han provocado parte (no todo, que quede claro) del deterioro educativo de Oaxaca, seguirán siendo interlocutores válidos para el gobierno federal.

La refundación del IEEPO no busca algo más que la supresión del desmedido poder de la Sección 22, cosa nada menor dadas las proporciones que el tema había tomado, pero que nadie se confunda creyendo que esta medida mejorará per se la educación de los oaxaqueños.

El gobierno está desactivando un problema coyuntural y estableciendo una relación no muy distinta –acaso acotada– con el grupo que lidera a más de 80 mil maestros. El esfuerzo alcanza para fijar nuevos términos con la cúpula de la 22, no necesariamente para el siguiente paso, el de reconstruir la educación en esa entidad.

Y resulta notable que la opinión pública no haya reparado en las perniciosas maneras en que el gobierno federal ha llevado a cabo esta decisión.

En las horas posteriores a este Quinazo aún sin presos, supimos que Los Pinos ha recurrido al consabido recurso del garrote y la zanahoria. El garrote fue por medio del congelamiento de cuentas bancarias, filtrar a la prensa la existencia de averiguaciones previas contra algunos líderes, y un despliegue policíaco y militar que alguien el martes desde el aeropuerto describió como lo más parecido a una ocupación. Por el lado de la zanahoria, se anuncia una partida de mil millones de pesos para la educación y, sobre todo, se esparce la idea de que si Núñez y compañía aceptan las nuevas condiciones no necesariamente irán contra ellos.

A final de cuentas, el método –poco democrático– usado en contra de la Sección 22 es una variante del encarcelamiento de Elba Esther Gordillo hace más de dos años. Y, llevado un poco más lejos, lo mismo se puede señalar al respecto de la detención hace ocho días del líder Cemeí Verdía, y hace poco más de un año del doctor José Manuel Mireles.

Lo que está clara es la manera en que esta administración lidia con las crisis. No las aprovecha para construir desde abajo, o para convocar a la sociedad y usar la coyuntura para crear algo distinto, no, lo que hace es sólo poner a su favor el balance de las cosas. Pero no va más allá. No mete segunda. Quizá porque no tiene operadores para ello, quizá porque lo único que le interesa es apaciguar antes que construir.

Apresar a Cemeí y al doctor Mireles no mejora ni la seguridad ni la gobernabilidad de Michoacán. La decisión gubernamental mostrada para castigar a esos líderes está ausente a la hora de construir policías efectivas para ese estado.

Igualmente, la manera de enfrentar a la maestra o a la 22 no contribuye a la rendición de cuentas o a mejorar escuelas o capacidades educativas, sólo busca socavar al interlocutor.

Hasta hoy sólo para eso le alcanza al gobierno, para manotazos efectistas, pero no para la lenta construcción de nuevas condiciones, que por incluyentes y democráticas harían menos importante el rol de los disidentes al gobierno.

Twitter: @SalCamarena

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