Opinión

Un gasto en cantidad pero sin calidad

20 noviembre 2013 5:8

 
El gasto público de 2014 será el más alto de la historia. Ya lo sabemos y hace algunos días lo reiteró el presidente Enrique Peña.
 
Pero, una cosa es el tamaño y otra la calidad.
 
 
Permítame explicarle.
 
 
El gasto total que tiene previsto realizar el sector público el próximo año es de 4 billones 467 mil millones de pesos.
 
 
Sólo para dar una idea de la magnitud económica que tiene este gasto, puede observarse que ese monto equivale a realizar un desembolso de 12 mil 238 millones de pesos cada día del año. O, si se gastara de manera continua, equivaldría a aplicar 509 millones de cada hora, las 24 horas de cada día del año.
 
 
Por esa razón es que el Presupuesto federal tiene tanta importancia para la economía.
 
 
Si todos estos recursos se ocuparan exclusivamente para pagar salarios, podrían dar empleo a 43.7 millones de personas, algo así como el 86 por ciento de toda la población económicamente ocupada del país cubriendo el salario promedio del sector formal de la economía, que es de 280.66 pesos al día.
 
 
Hay tres cosas que me hacen pensar que este presupuesto, aunque el más grande la historia, estará lejos de ser el mejor.
 
 
La primera es que todavía mantiene en buena medida su carácter inercial.
 
 
No hubo ningún cambio estructural en la forma en la que se asigna el gasto.
 
 
El gasto corriente total ha estado históricamente entre el 14 y el 15 por ciento del PIB y así se va a quedar para el próximo año.
 
 
En contraste, la inversión física anda en el 4.5 por ciento del PIB y tampoco va a sufrir grandes cambios.
 
 
Hemos creado, a lo largo de los años, un aparato público que no se caracteriza por la eficiencia ni la productividad.
 
 
No es accidental que el término burocracia tenga dos significados. Uno exclusivamente descriptivo, un sustantivo, que alude al personal ocupado por el gobierno; y el otro, es un adjetivo, que describe los procesos administrativos que transcurren con lentitud y exceso de trámites.
 
 
Tenemos un gasto burocrático en los dos sentidos.
 
 
La segunda razón es que una proporción muy elevada del gasto total, el 32.3 por ciento, algo así como 1.44 billones de pesos, no la ejerce el gobierno federal sino los estados y los municipios.
 
 
Y da la casualidad de que en esos niveles de gobierno es donde menos transparencia y rendición de cuentas existe.
 
 
La tercera razón es que aunque el gasto social es de los que más crecen en el Presupuesto para el próximo año, las evaluaciones hechas por el Coneval han cuestionado que algunos componentes importantes de este gasto contribuyan a reducir la pobreza y mejorar la equidad.
 
 
Aunque en todos los casos se ha avanzado, la realidad es que estamos lejísimos de tener la certeza de contar con un gasto público que incida de manera precisa en el mejor desempeño de la economía, en el avance de la equidad y en el combate a la pobreza.
 
 
Sólo una última reflexión: entre 2000 y la previsión de 2014, el gasto público habrá crecido 99.1 por ciento en términos reales. Es decir, a una tasa anual real de casi 5 por ciento mientras la economía lo hará a un ritmo de alrededor de 2 por ciento.
 
 
¿Qué tanto mejoró el país en ese lapso en el que virtualmente se duplicó en términos reales el gasto público?
 
 
Esa es la mejor respuesta que existe al tema de la calidad del gasto que realiza el sector público. Sin duda una de nuestras asignaturas pendientes.
 
 
Nos pintamos solos
 
 
¿Se acuerda de lo dicho por Ernesto Zedillo hace un par de semanas a propósito de que el problema número uno del país era la falta de Estado de derecho?
 
 
Bueno, pues la encuesta que ayer dio a conocer el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial, podría permitirnos decir que esa carencia deriva de nuestra cultura.
 
 
El 69 por ciento de los capitalinos interrogados aceptó haber comprado algún producto pirata el último año a pesar de que el 88 por ciento consideró que esa actividad puede considerarse como delincuencia organizada.
 
 
Sobran comentarios.
 
 
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