Opinión

Un discurso desesperado

Pedro Haces Sordo no es santo de mi devoción. Nuestros últimos encuentros han sido un tanto desafortunados. Me parece que, aunque se dedica a la hotelería, no es muy buen anfitrión, a pesar de que cada año organiza una comida de paellas bastante divertida que ya es casi una tradición en Acapulco.

No obstante, es un hombre que respeto. Me parece que siempre trata de hacer bien su trabajo, aunque a veces las cosas le salgan al revés. Así sucedió la semana pasada, en Acapulco, con el presidente de la República, frente al cual pronunció un discurso tan políticamente incorrecto, que fue lo que más valió la pena de ese evento político. Casi diría que resultó una arenga divertida, si no fuera por lo dramático de su contenido. Pero sí puedo señalar que su alocución fue un poco de aire fresco en medio de la densidad de los discursos previos del gobernador de Guerrero y de las secretarias federales de Desarrollo Social y de Turismo, plagadas de cifras que poco dicen y de frases grandilocuentes que ni ellos mismos se creen. Halagos fáciles al jefe.

En medio de esto, Pedro Haces, quien habló en su calidad de presidente del Fideicomiso de Promoción Turística de Acapulco, dio un discurso tan sincero como desesperado, sin reparar en protocolos ni delicadezas políticas. Con tacto de elefante, pues. Le dijo a Enrique Peña Nieto que le pediría cuatro cosas, empezando por lo principal: que evitara que cualquiera pueda tomar y cortar el tránsito en la autopista del Sol.

Expresó que el objetivo más importante es lograr una excelente temporada vacacional de invierno. “Es lo que todos queremos, pero para lograrlo y poder tener esa temporada vacacional, necesitamos que la autopista del Sol se pueda circular con tranquilidad, sin bloqueos.
“Que la gente que va a venir a Acapulco se sienta segura de que no van a tener que estar dos, tres, cuatro o no se sabe las horas que muchas veces tienen que estar ahí parados. A esas familias que vienen con niños, con adultos mayores y no se pueden arriesgar a venir.

“Hoy hemos perdido muchas reservaciones. Hemos tenido muchas cancelaciones, pero esperamos, si usted logra y estamos en sus manos, señor presidente, que se reactive la circulación por la autopista del Sol. Ese es uno de los puntos principales y lo que toda la sociedad acapulqueña está pidiendo. Es lo principal”.

No sé si Pedro es un cándido hotelero o tiene alma de político con el colmillo retorcido, pero lo que estaba haciendo en ese momento era pedirle al presidente de la República que hiciera algo que hasta esa fecha se había negado: aplicar la ley. Y no sólo él, de la misma manera han actuado el gobernador del estado, Salvador Ortega, y el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera, quienes han permitido todo tipo de excesos durante las manifestaciones; excesos que no han sido realizados por los padres de los normalistas de Ayotzinapa desaparecidos, sino por grupos que, inexplicablemente, estos gobernantes no se atreven a tocar.

“Estamos en sus manos. Sólo usted nos puede salvar en estos momentos. No hay nadie que pueda solucionar el problema de la carretera, de los apoyos que queremos”, agregó.

Así que a Peña Nieto no le quedó más remedio que dar la cara, responder y comprometerse. “Asumo el compromiso que tiene el Estado para garantizar el libre tránsito en esta importante vía de comunicación”, afirmó el presidente sorprendentemente. Falta ver que cumpla, pero seguramente pronto tendrá ocasión de demostrarlo.
Pedro también le pidió estímulos fiscales para los empresarios. “Necesitamos toda su ayuda, señor presidente, toda la ayuda que usted nos pueda brindar”.

Ya encarrerado, hasta le reclamó a Peña Nieto que hace un año les prometió que se remodelaría el viejo Centro de Convenciones de Acapulco y hasta el momento no se ha hecho. “Ha pasado un año. No vemos que se empiece a trabajar”. Reproche que el presidente ignoró en su respuesta, aunque ya llevaba bajo el brazo una serie de acciones, incluyendo privilegios fiscales, para ayudar a la economía de Guerrero.
Una última frase del discurso de Pedro Haces: “Esperamos que, algún día, todos ustedes vengan aquí de vacaciones”. Sí, “algún día”, deben haber pensado los presentes, porque ninguno dijo que sí.