Opinión

Un día sin soldados

10 febrero 2014 4:19 Última actualización 30 septiembre 2013 5:2

Gerardo René Herrera Huízar
 
Valiosa potestad del hombre, heredad divina, el destinar su ser al bien puro de su nación. Con afecto fraternal a los soldados de la antigüedad 1974-1978 del Heroico Colegio Militar.A medida que la tragedia se mitiga y la voluntad de San Pedro lo permite, la vida va, paulatinamente, retornando a su cauce. Pero los horrores vividos por muchos hermanos en desgracia les acompañarán por siempre. Con cada nubarrón, con cada lluvia, el recuerdo y el temor se harán presentes.
 
Entre el fango de los ríos y aludes que arrasaron comunidades, comienza a aparecer otro lodazal más profundo, añejo y movedizo: el de la corrupción, voracidad y estulticia humana con múltiples manifestaciones. Sólo en Guerrero, van brotando a la superficie los pestilentes cadáveres de algunos agentes precursores del desastre: desarrollos inmobiliarios, concesiones y permisos improcedentes que son  causa de la tragedia, circunstancia perversa que con toda seguridad no es privativa de Acapulco y que incluye tanto obra pública como privada, carreteras, servicios y vivienda en muchas otras partes del país. El gobierno federal ya anuncia investigaciones al respecto: aguardemos los resultados.
 
A la par se han hecho patentes, como era de esperarse, el oportunismo cínico, la manipulación mediática y el lucro, tanto económico como de imagen. El cálculo político y la estrategia de mercado aconsejaron, con un pragmatismo rayano en la ignominia, el gélido usufructo de la desdicha.
 
Por fortuna, a la precariedad ética de los voraces, se opone aún la moral social verdadera, que se expresa solidaria y colectiva frente a la contingencia, de manera anónima y desinteresada.
 
Es justo reconocer que no todo el andamiaje institucional ha sido pervertido por el viento modernizador de las modas, las ocurrencias, la ineptitud o el interés de personas y grupos. Quedan en pie, junto a la sociedad, instituciones sólidas y confiables. Tal es el caso de la estructura militar de esta nación, que apartada del protagonismo declarativo, es en la práctica, elemento vertebrador de la actividad del estado en diversos frentes, que trasciende intereses, administraciones, alternancias y proyectos.
 
El soldado que hoy combate al crimen organizado en Sinaloa, troca el fusil por la pala y lleva víveres a la montaña de Guerrero. La enfermera cambia la bata de hospital y enfundada en uniforme verde provee atención a los damnificados de Chiapas. El marino deja el barco y patrulla las calles de Veracruz como policía. El helicóptero que ahora destruye plantíos de amapola, mañana traslada heridos por un accidente.
 
La versatilidad de las fuerzas armadas de tierra, mar y aire, su profunda identificación y vinculación social y su determinante impacto en la vida de la república, tienen componentes tanto históricos y étnicos, como estructurales y normativos. La disciplina en la que basan su formación, la doctrina interna, procedimientos de actuación y modelo de conducta, la sujeción incuestionable al poder civil, son un complejo entramado institucional, técnico, ético, legal y espiritual, amalgamado en una conciencia colectiva que se construye peldaño a peldaño durante toda la vida, lo que a ojos profanos, resulta naturalmente incomprensible y para el neófito detractor, hasta fácilmente desechable.
 
Como en el pasado, en la emergencia actual, la activación de los mecanismos de protección civil por parte del Gobierno Federal, la logística para la recolección, organización y distribución de la ayuda humanitaria y en general la atención de la contingencia, tienen su médula en la planeación y operación militar (Plan DNIII-E), cuya estructura es también vital para la conducción ordenada y eficaz de la participación social.
 
Mientras se deslindan culpas, se intercambian acusaciones, se lavan caras, se realizan montajes para la tele, se idean formas de aprovechar la desgracia y se ponen barbas a remojar por las investigaciones anunciadas, aplaudimos la siempre presente solidaridad de los mexicanos y de las instituciones que, en silencio, simplemente hacen su tarea.  
 
Ante las muchas calamidades de este país, imaginemos un día sin soldados.
 
 
grhhuizar@gmail.com