Opinión

Un día más de la Propiedad Intelectual

 
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cuba internet

Este 26 de abril se conmemora el día mundial de la Propiedad Intelectual, dedicado en esta ocasión a la música, como una de las creaciones humanas más antiguas, profundas, arraigadas, disfrutadas y reproducidas a lo largo de la historia. La música está ahí, seguramente, antes que la propia “inteligencia” del hombre se pudiera autonombrar como tal. La pregunta pertinente para abordar la interacción entre “creación” y “Propiedad Intelectual”, es la que obliga a definir la interdependencia entre obra y protección.

Desde luego no pretendo ni siquiera apuntar en estas breves líneas un atisbo de respuesta. Lo que sí es subrayable es la forma en que la Propiedad Intelectual y las nuevas tecnologías están transformando la manera en que la música se crea, se distribuye y se consume, hasta llegar a mecanismos disruptivos, inesperados y extraordinarios.

Desde el fenómeno Napster, en los años noventa, quedaba ya claro que la irrupción de internet estaba modificando los patrones de consumo, planteando escenarios totalmente novedosos, en los que, pecando de reduccionistas, las disqueras perdían mientras el público ganaba. El oportunismo de iTunes, como mecanismo de legalización para pagar peaje por la selección y descarga de canciones planteó una primera modalidad que por años ha marcado el derrotero de la industria.

Sin embargo, como suele suceder con las nuevas tecnologías, las virtudes mágicas que suministraron para el disfrute de la música a lo largo y ancho del mundo, despojada de soportes materiales que la contuviesen, representaron también amenazas y descalabros, permitiendo el surgimiento de miles de sitios ilegales que, sin pretenderlo, filtraron en la sociedad, especialmente entre los jóvenes, la concepción de que se puede disfrutar de obras sin pago. Los disfraces de libertad de expresión y libre tránsito de las ideas han infectado el sistema como un virus mortal, que deberá ser revertido con educación y cultura, si pretendemos que la Propiedad Intelectual no sea un alienígena en este intransigente mundo virtual; y si la Propiedad Intelectual quiere ganar esa batalla, tendrá que ponerse la armadura de los Derechos Humanos, no hay otra alternativa.

En este momento, nuevas aplicaciones parecen plantear un mundo ideal, en el que archivos interminables de música que no tiene que ser descargada -como Soptify-, son puestos a disposición con costos que permiten regatearle a la piratería su principal ventaja competitiva: el precio. Habrá que ver si el modelo permite mantener ingresos a las disqueras y a los autores, o es necesario regresar un paso.

Al final, creo que la reflexión en un día mundial de la Propiedad Intelectual, no debe solo reconocer la aportación que ésta ha hecho por la industria de la música, sino lo que está llamada a cumplir como protagonista de su futuro inmediato.

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