Opinión

Un desdén conservador por los desempleados

John Boehner, presidente de la mayoría en la Cámara de representantes, dice que los estadounidenses desempleados claramente son simuladores, vagos que viven de la seguridad social y que han decidido que no tienen ganas de trabajar: “Esta idea que ha nacido, quizá por la economía durante el último par de años, de que, usted sabe, ‘realmente no tengo que trabajar; realmente no quiero hacer esto; pienso que mejor me quedo sin hacer nada’, es una idea muy enfermiza para nuestro país”, dijo el Sr. Boehner en comentarios este mes luego de un discurso en el Instituto American Enterprise.

Podría señalar la abrumadora evidencia económica en el sentido de que nada así está sucediendo; después de todo, si se tratara de un retiro masivo de la oferta laboral, deberíamos estar viendo el despegue de los salarios de los que aún están dispuestos a trabajar. También podría señalar las tasas cero de interés y la baja inflación como evidencia de que estamos viviendo en una economía con limitaciones de demanda. Podría preguntar exactamente cómo es que Boehner cree que un aumento en la disposición para trabajar conjuraría la existencia de más puestos de trabajo.

Pero lo que realmente me llega aquí es el hecho de que gente como el Sr. Boehner esté tan obviamente desconectado con la experiencia vivida por los trabajadores ordinarios. Quiero decir, vivo una existencia bastante rarificada, con seguridad laboral y un buen ingreso y un círculo social generalmente adinerado, pero aún así conozco un número bastante grande de personas que han pasado meses o años en una búsqueda desesperada de trabajos que siguen sin figurar. ¿Qué tan aislado (o inconsciente) puede estar alguien que piensa que el problema simplemente es que esta gente no quiere trabajar?

Cuando veo cosas como ésta, siempre pienso en el inicio de “El tesoro de la Sierra Madre”, el libro de B. Traven: “Cualquiera que esté dispuesto a trabajar y que se lo tome en serio ciertamente encontrará un trabajo. Sólo que no hay que recurrir al tipo que te lo dice, dado que no tiene trabajo para ofrecer y no conoce a nadie que sepa de una vacante. Este es exactamente el motivo por el que da un consejo tan generoso, por amor fraternal y para demostrar lo poco que conoce el mundo”.

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