Opinión

Un déjà vu de Atenco

26 agosto 2013 5:10

 
El 22 de octubre de 2001, a casi 11 meses de haber iniciado su mandato, el presidente Fox anunció que el nuevo aeropuerto del Valle de México se construiría en Texcoco.
 
 
Luego de diversas protestas de los habitantes de San Salvador Atenco, el 1 de agosto de 2002 –poco más de 9 meses después de anunciar su construcción- el gobierno de Fox anunció la cancelación del proyecto.
 
 
Quizás en ese entonces parecía que esta decisión habría de afectar sólo a la industria del transporte aéreo y a la construcción.
 
 
La realidad es que impactó al desempeño de todo un sexenio.
 
 
Se hizo manifiesto que el gobierno de Fox había desaprovechado el capital político derivado de haber sido el primer presidente de la alternancia y que cedía a los intereses de pocos si se le presionaba lo suficiente. Prefería evitar el conflicto que concretar proyectos que le costarían en imagen. Ese hecho quedó como un precedente para la historia política del país.
 
 
Atenco se convirtió en el símbolo de la falta de habilidad, valor y determinación de los gobiernos para hacerle frente a los intereses de un grupo minoritario si ello afectaba la imagen del propio gobierno.
 
 
Hoy, a 11 años y días de aquella capitulación nos enfrentamos a una disyuntiva muy parecida.
 
 
El gobierno de Enrique Peña mostró una determinación inusual cuando el pasado 26 de febrero ordenó la detención de Elba Esther Gordillo.
 
 
Parecía despejarse el camino de una reforma a la educación, pero también fue el signo de un gobierno que rompía tabúes en aras de ir hacia delante con un proyecto de modernización del país.
 
 
El pasado miércoles 21 de agosto, sin embargo -apenas seis meses después-, pareció darse lo opuesto a la determinación mostrada con la detención de la maestra.
 
 
A pesar de contar con el respaldo del PAN, los legisladores priistas aceptaron retirar de las leyes a ser votadas, la del Servicio Profesional Docente, propuesta apenas 8 días atrás por el gobierno, y que es el meollo de la reforma educativa.
 
 
Si se trató de echar reversa por el temor de que los integrantes de la CNTE arreciaran las movilizaciones, es un pésimo signo. Sería el Atenco de esta administración.
 
 
Si se trató simplemente de un ajuste táctico para operar de manera más eficaz la reforma, hay que ir adelante y pronto.
 
 
En un discurso de la semana pasada, Andrés Manuel López Obrador señaló que así como la educativa, también se podrán frenar la reforma energética y la fiscal.
 
 
La apuesta es muy sencilla: si los bloqueos al aeropuerto o al Congreso conducen a modificar la agenda legislativa, bastaría con repetirlos para frenar la reforma al artículo 27 Constitucional o cualquier otro cambio importante.
 
 
Hasta ahora, las estrategias impulsadas por el gobierno de Peña parecían haberse construido con todo cuidado y con una sorprendente habilidad política. Ahora algo ocurrió.
 
 
Fue apenas el pasado 13 de agosto, cuando el secretario de Educación Pública, Emilio Chauyffet, convocó a una intempestiva conferencia en la que notificó el envío de las leyes secundarias de la reforma constitucional en materia educativa, para ser debatidas y eventualmente aprobadas en el extraordinario.
 
 
Era absolutamente predecible la reacción que habría de tener la CNTE e incluso el respaldo (explícito o implícito) que habrían de darle a la Coordinadora gobernadores como los de Oaxaca o Guerrero. Y, desde luego, el apoyo de López Obrador.
 
 
Las movilizaciones que ocurrieron, así como el tono agresivo que tuvieron, no podrían haber sido sorpresivas porque ese es el tono de la CNTE, según se ha visto, sobre todo, en Oaxaca.
 
 
Sin embargo, pareciera que entre el 13 y el 21 de agosto hubo deficiencias de coordinación o errores de cálculo o información.
 
 
No había necesidad de poner a votación las leyes secundarias de la reforma educativa en el extraordinario. Si así se decidió es porque parecía haber un control de la situación, lo que no fue correcto.
 
 
Estamos todavía a tiempo, pero si no se rectifica pronto la determinación, podríamos estar ante un punto de inflexión en la historia de este sexenio. 
 
 
 
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