Opinión

Un clásico del Centro Histórico

    
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El Danubio

Dirección: República de Uruguay 3,Col. Centro, Delegación Cuauhtémoc

Teléfonos: 5521-0976

Twitter: @eDanubio

Horarios: Lunes a domingo, de 13:00 a 21:30 horas

Precio: $400-700 por persona

Tiempo: Una hora, más sobremesa

Compañía: Negocios, amigos y familia

Tarjetas: American Express, Master Card, Visa; crédito y débito


Hay restaurantes en la Ciudad de México que cualquiera identifica como clásicos. Los que han estado ahí desde antes de que tuviéramos memoria y que al menos yo odiaba visitar de niño por considerarlos aburridos; pero uno de esos, ahora que volví, me dejó claro por qué ha permanecido durante tanto tiempo: se trata de El Danubio, en el Centro Histórico.

De niño iba mucho a este lugar porque a mi papá le encantaba. Y ya en mi adolescencia comer ahí era frecuente porque su trabajo estaba cerca, pero de mi última visita habían pasado varios años.
La decoración de lugar es tal como la recordaba: madera, poca luz y muchas servilletas autografiadas por los “famosos” que lo visitaron, todas enmarcadas.

Y como si el tiempo no hubiera pasado, también en el menú reconocí algunos platillos que mi papá siempre pedía y que, años después, ahora yo ordené.

Hay dos sopas que debe probar. La primera es la de pescado y mariscos verde: mezcla de pescado, camarones, pulpo y otros mariscos en un caldo denso, cremoso y lleno de sabor, con una buena dosis de cilantro que la vuelve aromática y fresca. También la sirven en su versión roja, con caldillo de jitomate.

Si no debe cuidar su aliento por las próximas horas, la sopa de ajo es otro buen inicio. Un caldo rojo lleno de pan y ajo y, si usted lo pide, un huevo. El sabor a ajo es intenso, intensísimo; especialmente al morder una de las rodajas de ajo tostado -quizás demasiado doradas en esta ocasión-, pero reconstituyente y deliciosa.

Entre una gran variedad de pescados, almejas, ostiones, cangrejos, camarones y otros mariscos, recomiendo pedir otro de los clásicos del lugar: los langostinos. Para seguir en la línea, pídalos al mojo de ajo. Tal vez quiera compartirlos, pues es una montaña de langostinos de distintos tamaños, desde los pequeños que llegan bien dorados y crujientes hasta los más grandes cuya carne aún está suave y jugosa. No deje de comer las cabezas más crujientes, es en donde se concentra el sabor y es lamentable que las desperdicie o no intente probarlas.

Lo que cambiaría. La comida y el servicio no tienen falla, aunque hay partes de la decoración a las que no les vendría mal una manita de gato.

Lo que me faltó. El menú es largo, así que quedaron muchas cosas pendientes por probar, pero me quedé con particular antojo de las patitas de cangrejo moro, los ostiones y, cuando haya menos antojo de pescados y mariscos, el lechón. En El Danubio una sola visita no es suficiente.

Twitter: @ysusi