Opinión

Un cambio cultural
para México

 
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Un cambio cultural  para México.

“Cuando al fin tuve la respuesta, me cambiaron la pregunta”

Carlos Monsiváis

Considero oportuno compartir algunas reflexiones relacionadas con mi visión sobre México para los próximos años, que ya he expresado de alguna forma en mis escritos y en algunas conferencias a lo largo del país.

Más allá de las reformas económicas que ya están en curso —se necesitarán algunas más— lo que México requiere es una verdadera revolución cultural. Esta transformación se refiere a aspectos como la cultura de la legalidad, la relación entre el esfuerzo y la riqueza, educación, familia y la urgente necesidad de fortalecer una cultura emprendedora para aumentar nuestro capital emprendedor.

Cultura de la legalidad

En el mexicano existe una visión del mundo que no nos permite progresar. En primer lugar, desde este punto de vista, la ley es flexible y está hecha para proteger al poderoso y esta concepción hace imposible que la cultura de la legalidad eche raíces. Sin el llamado Imperio de la Ley, un verdadero Estado de derecho, es muy difícil que los negocios y el resto de la economía funcionen.

De acuerdo con el finado economista Rüdiger Dornbusch, el problema de América Latina es que “los países desarrollados tienen leyes flexibles de aplicación rigurosa, mientras que los países latinoamericanos tienen leyes rigurosas de aplicación flexible”. Una frase muy acertada sobre nuestro marco institucional.

Para agravar la situación, en México no tenemos una justicia expedita —y una justicia tardía, no es justicia— y a muchos no les extraña que imperen la corrupción y la deshonestidad, que constituyen un cáncer que corroe las instituciones.

Esfuerzo y riqueza

Otra clase de problemas tienen que ver con el “derrotismo” de nuestra gente. Muchos mexicanos consideran que los “contactos” son fundamentales para progresar y que el esfuerzo y la dedicación poco importan para avanzar.

El mexicano concibe la riqueza no como un producto del esfuerzo sino de la explotación, y como resultado de esta visión colonial, es adicto a los títulos: nobiliarios, académicos y sociales.

Además, debido a este enfoque de la riqueza, el mexicano es proclive a arrebatar lo ajeno —sobre el tema del despojo y sus distintas formas, compartiré algunas reflexiones en el futuro—. De aquí que nuestra sociedad tenga que gastar enormes cantidades de recursos en seguridad y que el problema número uno sea precisamente la falta de este bien fundamental.

Educación

El tema de la educación aparece con relativa frecuencia en mi blog y en mis conferencias porque me interesa mucho y la razón es muy sencilla: el capital humano es la forma de riqueza más importante que existe y potenciarlo exaltando los talentos y capacidades de cada uno, es el único camino para desarrollar desde sus bases a nuestro país.

La situación educativa en México es uno de los problemas más graves que enfrentamos. Los alumnos de secundaria y preparatoria muestran un desempeño mediocre en los comparativos mundiales.

No es casualidad que los estados con resultados educativos más pobres, como Guerrero, Michoacán, Chiapas y Oaxaca, sean precisamente donde campean los maestros más hostiles al cambio. Ellos no sólo se rehúsan violentamente a ser evaluados o sustituidos por personas más capaces o con mayor vocación, sino que además pretenden heredar las plazas, que no son propiedad privada, a sus familiares; algo totalmente inconcebible en cualquier otro país.

Por otro lado, la universidad es vista precisamente como una fábrica de títulos y no como un recinto destinado a la exploración del universo y al fomento a la innovación. En el aula se aprende a obedecer y a memorizar, no es un lugar que estimule la imaginación, la creatividad y el trabajo en equipo.

Familia

Se ha dicho mil veces que la familia es el núcleo de la sociedad pero, de tanto repetirlo, a veces no se entiende la relevancia de esto. La familia es el espacio donde se forjan los conceptos, valores y la visión que nos marcarán y guiarán por el resto de nuestras vidas. La familia mexicana es un núcleo muy sólido y esto es bueno… hasta cierto punto.

El problema con la familia mexicana es que es tan unida que la gente se siente insegura o incómoda al desprenderse de ella. Muchos jóvenes viven con sus papás hasta los treinta e incluso los cuarenta años, y esta comodidad y falta de independencia les impide diseñar su destino, perseguir sus sueños y tomar riesgos. Debemos apoyar a la familia para que se convierta en la plataforma firme desde la cual despeguen nuestros sueños y no una jaula dorada que limite nuestras aspiraciones.

Cultura emprendedora

Tradicionalmente, los mexicanos somos poco tolerantes al riesgo. Sin una disposición a enfrentar la incertidumbre, es difícil que nos decidamos a crear empresas bien capitalizadas. Aparentemente esto contradice la visión de que somos un país de emprendedores: somos un pueblo creativo, pero no estamos dispuestos a arriesgar lo que tenemos para alcanzar nuestras metas.

De hecho, esto es un problema grave porque un país sin emprendedores está destinado al fracaso económico. Consideremos simplemente los casos de Cuba, la extinta Unión Soviética, Corea del Norte y más recientemente Venezuela, como ejemplos de países que barrieron con sus emprendedores y colapsaron su economía. De hecho, el éxodo de empresarios de Bolivia, Argentina y Brasil pone también en grave riesgo a esos países. El emprendedor es un recurso sumamente escaso que debemos cuidar y promover, no atacar con impuestos y regulaciones excesivas.

Busquemos un cambio

Muchos de los conceptos culturales e instituciones fallidas que tienden a llevarnos al fracaso, son como un cáncer que surgió desde antes de la conquista y que se fortaleció durante la Colonia. Desafortunadamente, estas ideas reforzadas durante siglos han contaminado la mente del mexicano y por eso mismo son tan difíciles de erradicar.

La transformación no es algo que se pueda lograr de la noche a la mañana, a veces tarda generaciones en ocurrir. A pesar de que suele darse en periodos muy largos, Corea del Sur, Singapur y más cercanamente Chile, nos demuestran que el cambio cultural se puede lograr en una generación. Pero esto conlleva un notable esfuerzo y coordinación de escala nacional.

En México no tenemos más tiempo que perder. Millones de jóvenes requieren de empleos productivos que sólo pueden ser creados por los emprendedores y sus iniciativas. Debemos inculcar en nuestros jóvenes una cultura de respeto a la ley, de esfuerzo, dedicación e innovación y la voluntad de tomar riesgos, pero esto último también implica que debemos ser más tolerantes al error y al fracaso. Al mismo tiempo, debemos enseñarles a ser más responsables y a enfrentar las consecuencias de sus actos.

El mundo cambia vertiginosamente, tenemos poco tiempo y debemos pensar cómo lograr que estalle una revolución cultural en nuestros jóvenes. Porque la riqueza no se produce por decreto: requiere de un entorno propicio para la multiplicación de las empresas y el desarrollo de emprendedores que lleven al mercado soluciones que incrementen el bienestar de todos.

Twitter:@RicardoBSalinas

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