Opinión

Un anuncio dentro
de otro anuncio

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Luis Videgaray y Agustín Carstens. (Eladio Ortíz)

El día de ayer se realizó un anuncio conjunto del secretario de Hacienda y del gobernador del Banco de México. El primero nos dijo que, en previsión de que 2017 puede ser complicado, habrá un ajuste en el Presupuesto que en números gruesos consta de una reducción de 32 mil millones de pesos en el presupuesto del gobierno federal y de 100 mil millones en Pemex. El gobernador del Banco Central anunció que se eleva la tasa de interés de referencia en medio punto, para quedar en 3.75 por ciento anual. Entre ambos, es decir, la Comisión Cambiaria, hizo público el fin de las subastas de dólares (aunque pueden existir ventas extraordinarias por parte del Banco de México).

Son buenas medidas, sin duda, aunque muchos dirán que se trata de decisiones obvias y que ya se habían tardado. Yo no lo veo así. Me parece que todas las medidas dependían de una que no podía anunciarse anteriormente: la contracción del presupuesto de Pemex en un 16 por ciento. Elevar la tasa de interés y suspender las subastas tiene sentido, porque la volatilidad, que se esperaba fuera menor a partir de la primera alza de la tasa de interés de la Fed, no se redujo, sino que creció, y además ha tenido más impacto en nuestra moneda en las últimas semanas. Pero elevar la tasa así nada más me parece que no habría tenido el efecto que tiene ahora, acompañada de un esfuerzo de ajuste de gasto. Porque para la interpretación de los financieros, es importante qué tasa pagan hoy, pero es más importante saber si van a poder pagar mañana, y no sólo intereses, sino el principal. Y si el gobierno mexicano da señales de endeudamiento excesivo, la tasa actual se hace menos importante y las expectativas toman todo el peso. Y eso no iba a ser buena cosa.

Pero ya no se puede ajustar el gasto público en cantidad relevante de forma creíble. Recuerde usted que somos uno de los países con menor gasto público en el planeta, y sin duda entre todos los de la OCDE y los emergentes. A veces algunos parecen cercanos a nosotros, por la forma como contabilizan (como Estados Unidos, donde el gasto estatal y local rara vez aparece en las cifras de la OCDE). Pero no, gastamos muy poco, porque recaudamos muy poco. La reforma fiscal ya empezó a corregir esto, y eso sin duda es una excelente noticia, pero bajar el gasto ya no creo que convenza a nadie. Salvo en Pemex, como lo hemos argumentado desde hace tiempo en estas páginas.

Pemex es un pozo de ineficiencia que no lo parecía tanto cuando vendía el crudo a 90 o 100 dólares por barril, pero que a 20 o 30 simplemente no sale. Tiene el doble o triple del personal que requiere, pierde 100 mil millones de pesos en refinación, ha invertido 450 mil millones de pesos en los últimos 15 años, y al día de hoy no podría cubrir sus deudas. Esto no se debe a cuánto le cobraba el gobierno por el petróleo extraído, como lo han dicho siempre, sino a su incompetencia, y a que, como todo, era el botín del grupo gobernante.

La patria tenía que pagar el sacrificio de sus hijos. Bueno, ya se acabó.

A mí me parece que la forma en que se hizo el anuncio es excelente. Para quien sabe leerlo, nos están diciendo que la limpieza en Pemex va en serio, y que ya no hay más qué recortar en el gobierno federal. Y aprovechan para cambiar la estrategia cambiaria y frente a la inflación. Me parece muy bien.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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