Opinión

Un año tiene 12 meses, no 16


 
Es deseable que sea cierto. Sería bueno para todos. Es alentador creer que el gobierno federal está haciendo lo que dice: trabajando intensamente en materia de seguridad y de prevención del delito.
 
Ni la fortaleza del peso ni una mejora en las expectativas de crecimiento de la economía, daría tanto gusto como que se cumpla lo que se afirma: que en un año veremos los avances logrados en seguridad. Que así sea. Por el bien del país y de todos sus habitantes.
 
Pero un año tiene 12 meses y, por tanto, 4 meses equivalen a la tercera parte.
 
Y hasta ahora no se percibe un cambio ni un matiz ni una mínima reducción: la violencia sigue cobrando víctimas, entre las que se cuentan tanto involucrados en la delincuencia como inocentes.
 
La violencia y quienes la ejercen no se han dado por enterados del cambio de gobierno. Los números, ahora pasados por alto y sin mención oficial alguna, siguen siendo los mismos y alcanzando igual magnitud.
 
El promedio de al menos 800 muertes violentas por mes se sostiene, impasible, indiferente al multicitado cambio de estrategia.
 
El pasado domingo, que debió haber sido de resurrección, fue de muerte: 11 descuartizados en Tamaulipas; en Acapulco, dos asesinados, y en Guadalajara siete, así como 16 heridos. Casi cualquier día puede ponerse como muestra.
 
No es el gobierno el que asesina, es claro, pero lo es también que hasta ahora no ha sido capaz de contener las diversas expresiones de la violencia.
 
Uno quisiera imaginar que los responsables del gabinete de México en Paz saben lo que están haciendo, que avanzan en sus investigaciones y en el diseño de sus tácticas, que están desplegando un enorme esfuerzo de inteligencia y que están por poner en marcha acciones eficaces; que han definido los programas de prevención y calculado el tiempo de la cosecha; que saben cómo impedir el crecimiento de la delincuencia y cómo lograr salvaguardar miles de vidas que están en riesgo de ser reclutadas por el crimen, entre ellas las de muchos jóvenes. Vaya para estos servidores públicos el beneficio de la duda.
 
Ojalá que a estas alturas tengan algo más que un buen discurso. Como todo inicio de sexenio, estamos en la etapa de la esperanza, de las ganas de creer. Por ahora, los nuevos funcionarios del gobierno federal cuentan con margen de maniobra. Pueden hablar de plazos y prometer resultados.
 
Para ampliar este margen, algunos de ellos se remiten y nos remiten a 2014, cuando, dicen, se notarán los avances. Parece muy lejos, pero ese año está muy cerca, tanto como lo están las campañas políticas que por este mes de 2012 apenas comenzaban.
 
Es necesario que nos digan a partir de cuándo debemos contar el plazo enunciado de un año, porque cuando creíamos que ya estaba corriendo, el presidente Peña Nieto dijo el 20 de marzo que tendríamos resultados en un año, periodo que volvió a mencionar el subsecretario Roberto Campa el 1 de abril, como si no hubieran pasado 4 meses desde la toma de posesión.
 
Lo que da sentido al tiempo es lo que en él se hace. Si nada se hace, el tiempo es humo. La inercia no es buena consejera: suele perpetuar el estado de cosas y, a veces, agravarlo.