Opinión

Un año de terapia

 
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Sentimientos. (unhiloinvisible.com)

“Para curarse, será suficiente transformar la neurosis miserable en infelicidad común y corriente”

Sigmund Freud

Durante este año recibí en el consultorio a varias decenas de personas buscando terapia. Algunas se quedaron e iniciaron un proceso. Otras vinieron unas cuantas sesiones y después abandonaron el intento. Otras más no pasaron de la primera sesión. Son muchas las razones por las que unas personas se quedan en una terapia y otras no. Las más comunes son falta de empatía con el terapeuta, una intención fugaz de pedir ayuda que muy pronto desaparece, decepción al descubrir que no existen cambios rápidos ni espectaculares, porque hay personas con menos capacidad o voluntad de introspección y otras para las que las palabras no son poderosas ni transformadoras y que quizá encontrarán un mejor camino en la yoga, en la meditación o en entrenar para un maratón. Casi todo se vale cuando se trata de estar bien. El bienestar es un concepto difícil de definir, pero en lo general significa tener una vida emocional más o menos estable, suficientemente productiva en términos de trabajo, y gozosa y disfrutable en el terreno de los afectos.

La palabra terapia se asocia casi en automático con cambio. La gran mayoría de las personas sienten en algún momento que hay algo que deben transformar: miedos, inseguridades, estallidos de enojo, celos descontrolados, la tendencia a darse por vencidos con facilidad, un patrón de relaciones amorosas desastrosas, la mala relación con los hijos, con los padres, con los traumas del pasado, los complejos de clase social, niveles de amargura que impiden disfrutar de casi nada, soledad que se vive como desolación, incapacidad para expresar afectos. La lista podría seguir y seguir.

Por lo general, los pacientes que sí se quedan en terapia se sienten mejor que cuando no venían. Hacer un examen de conciencia, un inventario de los defectos del carácter, una revisión de la biografía, les permite desahogarse y después reacomodar las piezas de una historia que puede ser contada y entendida de formas distintas.

Una de las controversias que surgen al cuestionar el valor de la terapia es la importancia de la genética contra la de la crianza. Herencia y medio ambiente se han contrapuesto. Los darwinianos otorgan la influencia más pesada a la herencia. Los freudianos al ambiente en el que ocurre el desarrollo. La suma de ambas variables incide por igual en el desarrollo de la personalidad.

Muchas investigaciones han comprobado que la psicoterapia genera cambios en el cerebro: es posible observar en un mapeo cerebral la rehabilitación de una depresión o de una adicción o de la moderación de la impulsividad y la agresión.

Uno de los principales obstáculos del proceso terapéutico de algunos pacientes es una idea obsesiva y perfeccionista sobre el cambio. Están convencidos de que hay algo malo, insuficiente, inadecuado, defectuoso, inferior o imperfecto en ellos y que por eso no son dignos de ser amados como son.

El logro fundamental en terapia es la aceptación de la vida tal y como es y no como nos gustaría que fuera. Del sufrimiento físico y emocional.

De los traumas infantiles y su influencia inconsciente en el presente. De uno mismo, en modo incondicional.

Por supuesto que junto con la aceptación debe haber cambios: en la interpretación de la realidad que predispone al fracaso, actitudes estériles, viejos mitos, estilo de vida. En desactivar pacientemente todas las conductas autodestructivas.

Las personas somos complicadas. Unas más que otras. Enamorados de nuestras costumbres y de nuestros hábitos, aunque a veces nos hagan daño. La intención de buscar ayuda y de transitar –aunque duela– por un proceso de autoconocimento y transformación es uno de los rasgos más emocionantes y edificantes de los humanos y el motor sentimental del trabajo terapéutico.

Twitter: @valevillag

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