Opinión

Un año de la Línea 12

 
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Línea 12. (Cuartoscuro)

Forzado por la inactividad, por la temible pasividad de las autoridades federales y capitalinas, regreso al tema de la Línea 12. Hace tan sólo ocho días, EL FINANCIERO publicó la carta en la que Enrique Horcasitas, director del Proyecto Metro, dio cuenta detallada de lo que, a su juicio, fue la construcción e implementación de la Línea 12.

En su texto –16 cuartillas– el señor Horcasitas hace una larga defensa de las decisiones técnicas, los peritajes –hoy gravemente cuestionados por las empresas que los practicaron– la asignación de recursos y múltiples capítulos más. El hilo conductor es que todo se hizo de acuerdo al marco jurídico y los ordenamientos legales, sin transigir jamás ningún precepto de orden, honestidad e incluso transparencia. Al final de la carta, en un breve párrafo, el señor Horcasitas hace mención de que “deberá considerarse el cambio del material rodante”.

Es tal vez el único, tímido y más bien escueto reconocimiento de que “algo” se hizo mal. En síntesis, el señor Horcasitas afirmaba que en las condiciones en las que hoy se encuentra y fue pomposamente entregado, el proyecto de la Línea 12 es inviable.

En días recientes las autoridades capitalinas han difundido información referente a los durmientes que deberán ser reemplazados, las piezas que los sostienen y muchos otros detalles técnicos para rehabilitar el funcionamiento de las estaciones –11 en total– donde el servicio fue suspendido hace un año y dos días.

Las preguntas al incipiente reconocimiento del señor Horcasitas son abrumadoras: ¿por qué si el material rodante –las ruedas de fierro y no de caucho– era incompatible desde el inicio, se instaló de cualquier forma? ¿Por qué si existen peritajes técnicos que recomendaron desde su instalación ruedas de hule y no metálicas, nadie prestó atención?

El señor Horcasitas se abstiene de informar a la ciudadanía en su pretendida defensa, quién y por qué instruyó en contra de los peritajes de ingenieros.

Lo más grave es que la investigación o los varios expedientes abiertos para ese propósito, no son del conocimiento de la ciudadanía. No sabemos qué o quiénes son responsables directos, ni aquellos mandos superiores que ejercieron su autoridad para que la línea se construyera de esa forma y bajo esas condiciones.

Lamentable, por parte de la Procuraduría capitalina y por supuesto de las autoridades federales, quienes por el monto de su inversión en el proyecto estarían obligadas a informarnos en detalle.

Un año y nada. No pasa nada. Se aceleran los trabajos tras 12 meses de cierre, para componer, reparar, reconstruir, rediseñar. Los daños, el costo, el perjuicio a la ciudadanía parece quedar en un expediente que pasará al “archivo muerto”. Una vez más lamentable.

¿Falta voluntad política? ¿Falta compromiso y firmeza en las autoridades –federales y locales– para enfrentar a fondo el problema? ¿Se impone el calendario electoral y sus prioridades por encima de la justicia y la rendición de cuentas? O de forma más agravante todavía ¿es un pacto de impunidad entre grupos políticos que se cuidan y se protegen unos a otros?

Nadie llama a cuentas al hoy senador Mario Delgado, quien parece acomodarse en partidos y fuerzas políticas según sople el viento. Nadie llama a cuentas ni responde a cuestionamientos al señor Marcelo Ebrard, quien acelera, presuroso, su incursión como legislador federal con el conveniente fuero protector.

¿Es capaz o no la Secretaría de Hacienda y su Unidad de Inteligencia Financiera de establecer y dar seguimiento a los flujos, movimientos, transferencias de miles de millones de pesos en todo el curso del proyecto? ¿Podemos hoy saber con certeza si se desviaron fondos o no?

El insondable hoyo negro de la impunidad parece tocarlo todo e involucrar a todos.

Twitter: @LKourchenko

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