Opinión

Un aeropuerto y un enojado

Teóricamente no debe haber problemas para la construcción del aeropuerto, puesto que no hay expropiación de terrenos ejidales ni particulares, sino que estará en una superficie de cuatro mil 600 hectáreas, de las 12 mil 500 que ahí tiene el gobierno federal.

Subrayo que “teóricamente” no debe haber problemas, puesto que cuando alguien los quiere crear con fines políticos, no hay razones que lo detengan. Y para crear conflictos hay algunos que se pintan solos. Especialmente uno.

Cuando Vicente Fox quiso hacer el aeropuerto en Texcoco expropió tierras y les pagaba a los ejidatarios siete pesos el metro cuadrado. Un insulto y un abuso. Cuando quisieron corregir ese error ya tenían a los macheteros en las calles, secuestraban funcionarios e incendiaban camiones de carga y vehículos de la policía.

Desde el gobierno del Distrito Federal que encabezaba López Obrador se financió y asesoró al movimiento de los macheteros, que a la postre se alzaron con la victoria porque el gobierno de Fox se echó para atrás.
Ahora el nuevo aeropuerto –espectacular por cierto– se hace en acuerdo con el jefe de gobierno del Distrito Federal y el gobernador del Estado de México. Se incluyó a ambos.

Esta vez no hubo expropiación ni hay atropello a ningún derecho. Se compraron 500 hectáreas a ejidatarios porque éstos querían vender una tierra que no sirve para siembra, y se les pagó a 200 pesos el metro cuadrado.

Esas 500 hectáreas no serán asiento del aeropuerto, sino que estarán destinadas a la reserva ecológica. Por eso no debe haber problemas serios, y la construcción arrancará a finales del primer semestre del próximo año (la obra hidráulica empieza en octubre).

La importancia del nuevo aeropuerto no es únicamente para la minoría que viaja, sino que trae beneficios palpables para buena parte de la población.

En lo social, el proyecto constituye un rescate para una zona altamente maginada, pues detonará el empleo local: en una primera etapa va a generar 50 mil empleos directos y 150 mil indirectos.

Además habrá hoteles, centros de convenciones, zona museográfica, una universidad y también, en el mediano plazo, un bosque de 670 hectáreas en parte de lo que es actualmente el aeropuerto en servicio.

Las ventajas económicas son también evidentes: se desatora un cuello de botella para el funcionamiento de la economía, pues el aeropuerto está saturado, la conectividad se encuentra restringida por dos pistas que no se pueden usar al mismo tiempo (para aterrizaje y despegue), y aquí se maneja el 33 por ciento de los pasajeros del país y la mitad de toda la carga aérea.

Financieramente es viable porque el 60 por ciento de la inversión se puede hacer con deuda del propio aeropuerto con créditos que no son deuda pública, y que el propio aeropuerto pagará con su flujo.

También ofrece ventajas en el aspecto hidráulico, ya que ahora hay mil 700 hectáreas de lagunas, y con este proyecto van aumentar mil más, para dar un total de dos mil 700 hectáreas de lagunas. ¿Que implica eso? Que se va a incrementar significativamente la capacidad de manejo de aguas (absorberlas) y disminuyen los riesgos de inundaciones.

Nada más gratificante para un ciudadano que ver a sus impuestos trabajar. Y es lo que ocurrirá en los siguientes meses y años.

Aunque, desde luego, tendremos a un enojado y a sus seguidores en la tarea de sabotear el aeropuerto nuevo.