Opinión

Un admirador

Gil leyó en su periódico El Universal y con los ojos de plato las declaraciones de Rogelio Ortega Martínez, gobernador interino de Guerrero. Gamés los previene, la lectora y el lector podría necesitar de un cuartito de Tafil y media pastilla de Serenex, oigan esto: “Como analista político le doy seguimiento a las élites políticas, soy experto en teoría de élites y su estilo seductor (el del exgobernador Ángel Aguirre Rivero), carismático, de apapacho, de sonrisa fácil… coqueto, bohemio, declamador, excelente orador. ¡Un tanque de la política”.

¿Cómo ven el análisis del experto en élites políticas? Sí, ciertamente para arrancarse los pelos. Nadie pone en duda que el desgobernador Aguirre sea un buen declamador, ¡por mi madre, bohemios!; lo de bohemio, ya más o menos se sabía, que al desgobernador le gusta la cantada y la libación moderada, mju: ¡ay! cuánto me gusta el gusto y toda la parranda y todo se me va en beber, qué haré para enamorar a esa péerfida mujeer; del coqueteo, Gilga nada sabe, del apapacho tampoco, pero que sea un excelente orador y hombre carismático, caracho, ¿no estaremos hablando de personas distintas, señor Ortega Martínez? Un tanque de la política puede ser, la prueba es que pasó por encima del estado de Guerrero sin darse cuenta de nada, o cerrando los ojos, o declamando cantando con su mariachi.

Reflejos de boxeador


Gamés pregunta al aire, no sin ingenuidad: ¿no es un poco demasiado elogiar al desgobernador Aguirre ante el desastroso campo de batalla en que ha dejado a Guerrero? El gobernador suplente ha entrado a ocupar su cargo metiendo la pata hasta el cuello. Luego no podrá sacarla: “Es uno de los políticos de mayor experiencia, de reflejos de boxeador, con una agilidad para articular políticas y de impacto, un hombre echado pa’delante, que sabe que el político y el gobernante dejan huella a través de su obra”.

A veces sólo lo inaudito es real. Ese político de experiencia permitió que el estado que gobernaba se convirtiera en un narcogobierno y que Iguala se transformara en una gigantesca fosa de cadáveres. ¿Así va usted a regresarle la paz a Guerrero, doctor, o lo que sea, Ortega?

Ahora mal: respecto a los reflejos de boxeador, el especialista en élites políticas, Rogelio Ortega, está cerca de una verdad. El desgobernador Aguirre tiene los reflejos de boxeador del viejo Pajarito Moreno, aquel púgil que perdió las facultades mentales después de las golpizas que le propinaron en el ring. Reflejos de boxeador, háganle a Gil el favrón cabor, o como se diga. La obra que ha dejado Aguirre es simplemente pavorosa.

La feria

Este gobernador suplente no da pie con bola: “(Aguirre) es el gobernador que más apoyo le ha dado a la universidad en toda la historia. Y entonces uno habla como le va en la feria”. O sea, si el desgobernador no hubiera apoyado a la universidad de Guerrero no sería carismático, apapachón, político de experiencia, “un tanque de la política”; quizá, más bien, sería un político gris y frívolo, sin capacidad para resolver problemas, un declamador ridículo.

La feria es la feria, eso que ni qué. Respecto a la seguridad, don Rogelio dijo que se trata de un asunto en el cual decidirá el presidente Peña: “a mí me toca opinar poco porque además los que saben son los del gabinete de seguridad y yo lo que tengo qué hacer es apoyarlos”. Gil pregunta, sin mala fe: entonces qué va hacer el gobernador suplente. Al parecer, nada.

Sí, los viernes Gil toma la copa con amigos verdaderos, mientras los camareros traen las bandejas con Glenfiddich 15. Está bien, no subamos tanto el listón, pondrá a circular la máxima de Machado en el mantel tan blanco: “En política sólo triunfa quien pone la vela donde sopla el aire; jamás quien pretende que sople el aire donde pone la vela”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX