Opinión

Umberto Eco y la prensa

 
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Umberto Eco.

Gil caminó sobre la duela de cedro blanco se acercó a la mesa de Más allá del Presente en la cual ha dispuesto los libros que no han sido sometidos a la crueldad del presente perpetuo y en ella encontró un libro del escritor Umberto Eco: Cinco escritos morales (no mortales sino morales) publicado por Lumen en el año de 1998. Estas páginas reúnen reflexiones de Eco sobre la guerra, el fascismo, la prensa, la tolerancia y lo intolerable. Gil mete la mano al costal de la prensa y saca estas notas subrayadas.

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En los años sesenta los periódicos no sufrían todavía por la competencia de la televisión. Hubo un tiempo en que los diarios daban las noticias antes que nadie, luego intervenían otras publicaciones para profundizar la cuestión; el periódico era un telegrama que acababa de llegar. Tiempo después la noticia la daba el telediario a la hora de cenar. El periódico, a la mañana siguiente daba la misma noticia.

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La televisión se convertía en la primera fuente de difusión de noticias, y al diario se le abría un camino: la semanalización de las noticias. El diario ha ido pareciéndose cada vez más a un semanario, con el espacio enorme que dedica a la discusión sobre la actualidad, a argumentos de sociedad, a los cotilleos de la vida política, y a la atención hacia el mundo del espectáculo. Esto pone en crisis a los semanarios de alto nivel. Al semanario le quedan dos vías, o se mensualiza, o bien se ve obligado a invadir el espacio del chisme que pertenecía ya a los semanarios de medio nivel para los apasionados de las bodas principescas, o de bajo nivel, para los devotos del adulterio espectacular y los cazadores de senos descubiertos en la intimidad de los excusados.

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Los semanarios de alto nivel no pueden descender al nivel más bajo o medio como no sea en las páginas finales, y lo hacen. Efectivamente es ahí donde deben buscar los senos, las afectuosas amistades y los matrimonios. Sin embargo, al hacerlo pierden la fisonomía del propio público; cuanto más roza el semanario de alto nivel el medio o bajo nivel, tanto más se adquiere un público que no es el suyo tradicional, no sabe ya a quien se dirige y entra en crisis: aumenta la tirada y pierde su identidad. Por otra parte el semanario recibe un golpe mortal de los suplementos semanales de los periódicos. Tendría una sola solución: emprender el camino de publicaciones como las que en Estado Unidos se dirigen a una clase alta de lectores, como el New Yorker, que ofrece al mismo tiempo la cartelera de los espectáculos teatrales, cómics, breves antologías poéticas, y donde puede aparecer un artículo de cincuenta páginas sobre la vida de una gran dama del mundo editorial: Helen Wolf.

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El semanario se esfuerza por seguir al diario, en su mismo camino, y cada uno intenta superar al otro para conquistar los mismos lectores. ¿Y los diarios? Para semanalizarse aumentan las páginas, para aumentarlas luchan por la publicidad, para lograr más publicidad aumentan las páginas y se inventan suplementos, para ocupar todas esas páginas tiene que contar algo, para contarlo tienen que ir más allá de la noticia escueta (que ya ha dado la televisión) y por lo tanto se semanalizan cada vez más y deben inventar la noticia, transformar en noticia lo que no es noticia.

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La prensa politizó el espectáculo más de lo debido. Entonces era obvio que el político intentara hacerse notar llevando a la Cicciolina al Parlamento; y el caso de esta actriz porno es típico porque, por instintiva mojigatería, la televisión no le había dado a la Cicciolina el espacio que le dio la prensa.

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Yo considero que la prensa, en el sentido tradicional del periódico y de la revista de actualidad hecha de papel que se adquiere voluntariamente en el quiosco, tiene una función fundamental, y no sólo para el crecimiento cívico de un país, sino también para nuestra satisfacción y el placer de estar acostumbrados, desde hace algunos siglos a considerar, con Hegel, la lectura de los diarios como la oración de la mañana del hombre moderno.

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Si. Los viernes Gil toma la copa con amigos verdaderos. Mientras los meseros se acercan con charolas que soportan botellas (en plural) de Glenfiddich 15, Games circulará esta máxima de Cocteau: “Dios nunca habría alcanzado al gran público sin la ayuda del diablo”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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