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EPN en su encuentro con jóvenes como parte del Cuarto Informe de Gobierno. (Especial)

Ayer el presidente debió informar al Congreso de la situación de la administración pública. Lo hace por escrito, desde hace más de una década y, por lo mismo, el evento ha perdido relevancia.

Hace décadas, el Informe era realmente importante porque mucha información que entonces se presentaba era imposible de conseguir en otros momentos. Por poner un solo ejemplo: el nivel de las reservas internacionales del Banco de México, que sólo se publicaba el 1 de septiembre y el 31 de diciembre. Eso ya no existe. Hoy la información se publica cotidianamente, y a nivel federal suele ser razonablemente útil. Aunque ahora el informe trae anexos, se trata de información vieja en la mayor parte de los casos.

No hay tampoco oportunidad de un discurso político frente al Congreso, que creo que es la idea fundamental que quedaría vigente. Se fue diluyendo desde que se les ocurrió que debería haber posicionamientos de todos los partidos, e incluso debate. No creo que eso deba ocurrir, en ese momento en particular. Pero desde hace 11 años, ya ni eso.

Este Informe es importante para el presidente porque es el último que emitirá en condiciones de poder. En el próximo, en septiembre de 2017, la carrera sucesoria estará desatada, y es posible que ya no cuente con el apoyo total en su partido, ya no diga usted de los otros. Dentro de un año, habrán pasado las últimas elecciones de gobernador antes de la presidencial, y ya lo importante para los políticos será buscar el futuro, y no cuidar mucho el presente.

Como usted sabe, Peña Nieto ha alcanzado los mayores niveles de impopularidad que se hayan registrado para un presidente en México. Hay muchas interpretaciones de por qué ocurre esto: la economía que no avanza, la creciente inseguridad, la corrupción, las reacciones por las reformas. Yo pienso que hay que sumar un fenómeno global, que ha derrumbado la popularidad de todos los presidentes y congresos en el mundo, aunque claramente a distintos niveles. Ubicar el origen del problema puede ser muy importante para quienes buscan suceder a Peña Nieto en 2018. Nada garantiza que esa impopularidad se traslade al candidato del PRI, por poner un ejemplo. Peor, nada garantiza que el siguiente presidente (hombre o mujer) pueda iniciar con niveles muy superiores a los que hoy sufre Peña.

En cualquier caso, éste es, propiamente hablando, el inicio del último año de gobierno. Se dice que para enfrentarlo, el Ppesidente ajustará su gabinete, y eso ya lo platicaremos cuando ocurra. Lo que sí tiene que hacer es ajustar el Presupuesto, y ya se habla de una reducción de 300 mil millones de pesos en el gasto, que no es poco. Con ese nuevo gabinete y ese gasto limitado tendrá Peña Nieto que intentar ganar el Estado de México, procesar la sucesión en su partido y aguantar lo que venga de fuera.

En ese sentido, la visita de Trump ha sido muy mala idea. Ya parece poco probable que sea elegido presidente, pero incluso Hillary Clinton no era tema sencillo: su primer año, buscando posicionarse, y con serias dificultades en Asia. Sólo podíamos esperar que volteara poco, y sin ganas, para acá. Ahora lo hará de malas, creo, y si nos considera, será para regañar y presionar.

Mala forma de iniciar el último año en el poder.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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