Opinión

Ubermercado

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Uber es una empresa que encontró un nicho de mercado gracias a la tecnología. Dicen que es la empresa de taxis más grande del mundo, sin tener uno solo. Así como Airbnb es la empresa de hospitalidad con más cuartos, sin ser dueña de uno. Lo que hacen estas empresas es proveer un mecanismo de coordinación, posible gracias a las TIC, que potencia el mecanismo de mercado tradicional. Es una subasta en la cual participan miles de personas, ofreciendo y demandando servicios, en tiempo real. Como cualquier subasta, cuando hay muchos que quieren comprar y pocos que quieren vender, el precio sube. Y cuando el precio sube, los que querían comprar se enojan, porque ya no les parece razonable. La solución es simple: no hay que comprar y ya.

La semana pasada en el DF se aplicó doble Hoy No Circula por un día. Ese día, 40 por ciento de los autos que Uber coordina quedaron fuera de circulación, y hubo un incremento de clientes, porque 40 por ciento de las personas que tienen auto no pudieron usarlo. El resultado fue un pico de exceso de demanda que, según los quejosos que subieron fotos a las redes sociales, llegó a casi diez veces la tarifa normal. Esto no es anormal. Encuentro una nota de Alyson Shontell en Business Insider que afirma que durante una tormenta invernal se ha multiplicado por más de ocho veces la tarifa en ciudades estadounidenses. La explicación es simple: si yo manejo un Uber, y me van a pagar ocho veces lo normal, por más ganas de descansar que tenga, me sentiré tentado a salir a ofrecer el servicio. Y si alguien necesita realmente moverse, estará dispuesto a pagar ocho veces lo normal. Y si no, pues todo mundo se regresa a sus actividades de siempre, y tan tan.

Es posible, sin embargo, que haya ocurrido un fenómeno especial en la Ciudad de México. No sé si el algoritmo de Uber considere el Hoy No Circula, que no es un asunto normal en otras partes del mundo. Si no lo hace, el algoritmo pudo suponer, todo el tiempo, que había 40 por ciento de autos que podrían salir, pero que no querían hacerlo, y por eso elevó el múltiplo tan rápido. Imagine, como en las caricaturas, al algoritmo como un diablito que está asignando autos a clientes, y ve que le faltan, y ofrece pagar más, y nadie se suma, y aumenta la tarifa otra vez, y nada, y así hasta llegar a diez veces lo normal. A esos precios, los clientes dejaron de solicitar Ubers, y la tarifa regresó a lo normal. Según la empresa, apenas 20 por ciento de los clientes aceptaron tarifas superiores a dos veces lo normal.

Pero frente a las quejas de las redes sociales, los incapaces del gobierno reaccionan con ocurrencias, como hemos insistido. Y ahora anuncian que van a impedir que funcione la tarifa dinámica de Uber. Cuando lo hagan, todos los quejosos tendrán que regresar al servicio que tenían antes y, preferencia revelada, van a estar peor.

Cuando llegó Uber, hubo quienes se opusieron rotundamente porque decían que se trataba de un servicio informal, que no paga prestaciones a los trabajadores y está fuera de la regulación tradicional del servicio de taxis. Varios de ellos eran felices con el alza en tarifas, porque podían burlarse de quienes, hace meses, defendieron tener más opciones.

Es lo que está detrás de todo esto: la dificultad de aceptar la incertidumbre propia del mercado. De ahí vienen las ideologías que gozan regulando y prohibiendo, que en el fondo no son sino versiones laicas del poder sacerdotal. Amén.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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