Opinión

Uber, entre el mercado
y la regulación

  
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Uber

“Se confirma el rumor --posteó Colonos Santa Fe ayer en Twitter (12:04)-- taxistas bloquearán salidas/entradas a Santa Fe el lunes 25 de mayo desde las 7”. La llamada área corporativa de Santa Fe tiene diez accesos. A las 7:00 am ya hay un movimiento intenso de oficinas y colegios. Para cuando usted lea este espacio, ya sabremos si el Gobierno del Distrito Federal toleró un estado de sitio o no. Pase lo que pase, la reacción de los habitantes de la zona ya ha sido negativa para los taxistas. Basta con revisar #stafesintaxi o #ubersequeda.

Debo confesar que soy un usuario poco frecuente del servicio de taxi en mi vida regular y que no fue sino hasta abril pasado que bajé la app de la que todos en mi entorno hablaban con dominio. Una jornada de oficina que acabó muy entrada la noche, seguida de un vuelo de madrugada, más el hecho de que los taxis del AICM requerían más horas de anticipación de las que disponía para programar mi traslado casa-aeropuerto, resultó la combinación perfecta para convertirme en un aprendiz nocturno de Uber. Un par de horas después, concluía mi primer viaje en un UberBlack.

En un régimen de mercado y libertad, muchas y variadas son las formas legales que tiene un negocio para reaccionar ante un competidor que
--de manera disruptiva-- ha llegado a replantear un nuevo estándar de servicio en su industria. El centro de esas acciones, sin embrago, deben ser quien recibe el servicio y quien paga la factura (que no siempre son la misma persona).

El reto que enfrentan los taxistas y el regulador no es Uber, es la combinación de varios factores que deben meditar:

1. La tecnología de geoposicionamiento disponible hoy en la mano de cada persona ofrece trazabilidad perfecta de vehículos y personas.

2. Permanece un fuerte deseo de sentirse seguro al utilizar un transporte. Cuando una herramienta permite identificar el nombre y rostro del chofer antes de abordar, ofrece evaluarlo y anticipa el trayecto, construye mucha confianza.

3. El hábito de interacción digital construye una identificación sólida de las marcas con el usuario. Hoy es “cool” usar Uber. No es “cool” usar un sitio.

4. La sofisticación de todo el espectro la clase media citadina genera el deseo de elegir qué tipo de transporte utiliza y paga para cada ocasión (UberX, UberXL, UberBlack, UberSUV).

5. Impulsada por el propio gobierno, la bancarización de la sociedad hace hoy intolerable que un taxista no acepte todas las tarjetas de crédito/débito y particularmente incómodo que para usarlas, te “inviten” a bajar en una caseta para deslizarla en su terminal.

6. Y, en las empresas, hoy prevalece la necesidad de formalizar todos los gastos de sus proveedores con facturas debidamente emitidas, no sólo para el beneficio de la deducibilidad cuando aplica, sino para un debido control administrativo.

Si el gobierno cae en la tentación de resolver el enojo de los taxistas con más regulación, no sólo se equivocará, sino que será rebasado por la realidad. Es al revés. Es emitiendo tantas placas como la demanda lo exija, bajando significativamente su precio para eliminar el mercado secundario. Es facilitando que los taxistas puedan cobrar de acuerdo a estándares de mercado y no a tarifa regulada. Es poniendo al alcance de cualquier usuario en línea la información de placas, choferes y vehículos.

No hay duda de que hay un desplazamiento de la demanda existente del servicio de taxis regulares hacia Uber y, dicho sea de paso, hacia otras soluciones de renta de vehículos por tiempos cortos como Carrot.mx. Sin embargo, lo que más me sorprende es la creación de la nueva demanda. Cada vez es más común que jóvenes y adultos prefieran rentar un auto con chofer particular (así factura Uber) al ir a una fiesta o a un evento. Eso no sucedía antes. El uso de un taxi, en una buena parte de la sociedad, ha sido un acto excepcional.

Ya he usado cuatro veces UberBlack. No ha sido barato, advierto, pero si ha sido conveniente tener al alcance de mi mano un servicio que me lleve y me deje en un auto similar al que uso. Esa posibilidad no debe limitárnosla ni el gobierno, ni quien crea que un espacio de calle, temporalmente concedido como lugar de espera para la prestación de un servicio de transporte, es un privilegio inamovible. Uber no es ni será para todos, como el servicio de taxis no ha sido ni será para todos tampoco, pero para unos, el servicio que brinda Uber es ya algo que llegó para quedarse en su estándar de vida citadina.

Twitter: @MCandianiGalaz

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