Opinión

Uber……..¿competencia desleal?

La discusión en torno a la posible competencia desleal que el “sistema Uber” – y otros equivalentes-, estarían cometiendo en detrimento de los cientos de miles de taxistas en las principales ciudades de la República Mexicana, es un punto de inflexión para recuperar la intermitente discusión acerca de la necesidad de una legislación en la materia.

El caso es por demás paradigmático de las situaciones que las nuevas tecnologías facilitan y que se mueven en el límite de lo permitido. En principio, la operación de transportes bajo sistemas como Uber, encuentra apoyo en el convincente argumento de que no existe razón para impedir que una persona contrate los servicios de otra que pone a su disposición auto y chofer, puestos en contacto por medio de la aplicación. Además, según lo refieren los usuarios del servicio, se trata de vehículos en muy buenas condiciones, la velocidad y la seguridad en el servicio son adecuadas y la comodidad de llamarlos por medio de la aplicación del teléfono constituye una ventaja notable frente a los servicios de taxis convencionales.

De momento, ante los reclamos, amenazas y hostilidad de los taxistas que han reaccionado ante la presencia de esta inesperada y eficiente competencia, el Gobierno del D.F. ha manifestado su deseo de “regular” este tipo de servicios, bajo argumentos de que resulta necesario garantizar la seguridad de los usuarios. ¿A caso, en algún momento, han podido evitar los constantes delitos cometidos en taxis regulados? ¿O han logrado mejorar el servicio apoyando la compra de automóviles nuevos? La pregunta no debe ser si se debe regular a servicios como Uber, más bien la cuestión pertinente es si debería desergularse a los ruleteros convencionales, que siguen atados a un sistema disfuncional y obsoleto. De hecho, la regulación no ha servido siquiera para evitar que una sola persona acumule cientos de taxis bajo su control, sin pagar impuestos ni dar prestación alguna a los choferes.

En otros países donde Uber ha actualizado la misma discusión, el asunto ha transitado hacia instancias judiciales, bajo el escrutinio de una legislación de represión de competencia desleal que permite que el asunto se resuelva desde una posición multicomprensiva, en la que los intereses de los consumidores son también convocados. Las resoluciones, hasta el momento, son dispares, aunque todas se encuentran aun sujetas a instancias de revisión. El asunto es también, sin lugar a dudas, la punta de lanza de múltiples casos que cursarán similares condiciones, en los que los atributos de las nuevas tecnologías desplazan a las formas tradicionales de hacer comercio, de prestar servicios o de comunicarse. Los famosos servicios de telefonía del tipo de Skype ya habían puesto en crisis a los consabidos sistemas de cobro excesivo por largas distancias, y a la fecha siguen operando sin restricciones.

Ir por el camino de la regulación oficial, en el caso de Uber, es la peor de las decisiones, porque nos llevaría a que un servicio ágil, cómodo y accesible, sea gravado para que pierda esas ventajas y se iguale al mal servicio que padecemos de los taxis regulados. Lo contrario es abrir espacios y nuevas formas de “consumo colaborativo”, que permiten optimizar recursos y generar fuentes de trabajo con beneficio directo de los consumidores.