Opinión

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En cuestiones de confianza, la clase política y las instituciones tienen mucho que aprender de las Fuerzas Armadas, de los sacerdotes y de los maestros.

La portada de El Financiero del martes 17 resumía el sentimiento del reporte que publicaron el INE y el Inegi de esta semana: “Desconfían los mexicanos de su sistema político”. Además resume la portada diciendo: “Los policías y los partidos son calificados como los más corruptos”.

Mi reacción inicial fue “estos reportes no reflejan nada nuevo”. Tal vez la novedad hubieran sido resultados que señalaran que los mexicanos confiamos en nuestros políticos y en nuestras instituciones.

Los datos son abrumadores: 42 por ciento de los mexicanos no confía en las autoridades, 49.61 por ciento está convencido de que los políticos no se preocupan por ellos, y 52 por ciento de los jóvenes de 18 a 29 años no se identifica con ningún partido político. Y en nivel de confianza en las instituciones y organizaciones políticas y sociales, según el INE, los que más desconfianza generan son los diputados, seguidos de los partidos políticos, sindicatos, policías, jueces, empresarios, gobierno municipal, estatal y medios de comunicación.

Tal vez los “ganones” de esta encuesta son los policías, ya que por lo menos ahora se sacaron la medalla de bronce, y no la de oro, en el hit parade de las instituciones de las que más desconfiamos. Es especialmente interesante que en esa deshonorable lista se encuentren los empresarios y mi gremio –los medios de comunicación.

En cambio, las instituciones que más inspiran confianza, según el INE, son: el Ejército, los maestros y la Iglesia. Lo fascinante es que probablemente son los que menos gastan en mejorar percepciones y generalmente no tienen bien definido unas estrategias de imagen institucional.

Muchos deberían de estar sorprendidos
de que estas tres instituciones continuaran con tan alto nivel de aceptación considerando que han recibido un tsunami de críticas recientemente. En el caso del Ejército se incrementaron los cuestionamientos por abusos sobre derechos humanos y por impunidad; en el caso de la Iglesia por el manejo que han dado al tema de sacerdotes pederastas; y en el caso de los maestros porque se duda de la capacidad de éstos.

Aun así, siguen siendo las instituciones más confiables. Seguramente los diputados y los gobiernos a todos los niveles, ante el gasto tan obsceno en imagen y publicidad, quisieran saber su secreto: son instituciones cercanas a la gente.

Y aunque se cuestione la jerarquía de estas instituciones, los soldados, los sacerdotes y los maestros son representativos de sus comunidades y desde la perspectiva de la gente, ejercen bien sus funciones. La percepción de confianza está relacionada con la efectividad y capacidad de los que tienen contacto con la gente.

Para los diputados, sindicatos, policías y todos los que están en el hit parade de la infamia de la desconfianza, dejen de gastar tanto dinero en su imagen y traten de cambiar percepciones –que generalmente reflejan la realidad–. El secreto de la credibilidad de cualquier institución es hacer bien su chamba, teniendo contacto con la gente.

El caso de Ejército Mexicano tiene otros factores muy interesantes que hay que considerar. Es fundamental para toda democracia que la población confíe en sus soldados y marinos y los mandos que los dirigen, por razones de seguridad nacional. Las fuerzas armadas alrededor del mundo entienden que la credibilidad ante la población, en las democracias, es lo que les permite ganar o perder guerras, lo que les permite cumplir con su responsabilidad de proteger los intereses de la nación.

Otros argumentarían que la falta de transparencia de las Fuerzas Armadas en general les ayuda a cuidar su imagen. Algunos expertos han señalado que entre más transparentes son las actuaciones de los gobiernos, es de esperarse que a corto plazo se reduzca la confianza en los mismos. Tal vez este argumento tenga algo de cierto, pero no explica ni remotamente la popularidad y confianza que generan el Ejército y la Marina en comparación con otras instituciones que también son señaladas por falta de transparencia, por ejemplo el caso de los jueces y ministerios públicos.

Seguramente el énfasis que ponen los ejércitos y sus marinos en cualidades tan básicas como la pulcritud, el orden, la disciplina y sobre todo resultados en situaciones de emergencia en un mundo donde prevalece el desorden, la indisciplina, la suciedad y falta de responsabilidad y resultados de los políticos y sus gobernantes.