Opinión

Trumpistas de clóset

   
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Opiniones encontradas de las celebridades en torno al triunfo de Donald Trump. (AP)

Aún sigo escuchando que las fallas de las encuestas en Estados Unidos se debieron a su incapacidad de captar un voto escondido a favor de Trump. No obstante, nadie de los que defienden esta hipótesis ha presentado evidencia que la sostenga. Apelar al voto escondido es como el hábito de culpar al mayordomo del crimen por ser el sospechoso más común. Pues parece, como ya comienzan a mostrar algunos expertos, incluidos los de FiveThirtyEight, que no fue el mayordomo.

Pero el fenómeno es interesante para seguirlo discutiendo un poco más. La hipótesis del voto escondido a favor de Trump, o shy Trumpers, como se le ha denominado en Estados Unidos, se basa en la teoría de la espiral del silencio que desarrolló la encuestadora alemana Elisabeth Noelle-Neumann en los años setenta. Esa teoría fue muy popular en México en los ochenta y principios de los noventa, cuando se creía que los votantes oposicionistas escondían su voto en contra del PRI, por temor a represalias.

La influencia en nuestro país viene, en parte, de los experimentos que hizo el sociólogo Howard Schuman en la elección presidencial nicaraguense de 1990, en los que utilizó plumas con los colores de los partidos durante las entrevistas. Schuman probó que el apoyo a la oposición en un sistema dominado por los sandinistas resultaba más exacto si se usaban plumas con los colores de la candidata opositora, Violeta Chamorro. En esa elección las encuestas se equivocaron, menos las estimaciones de Schuman con la pluma chamorrista.

Según Noelle-Neumann, la gente decide ocultar (o callar) sus opiniones y preferencias bajo un contexto en el que se deben cumplir, por lo menos, dos condiciones: que la persona se perciba a sí misma como minoría, es decir, que sus puntos de vista o preferencias sean minoritarios, y que, por temor a represión o aislamiento social, decida ocultar dichas preferencias. La continua percepción de que uno forma parte de la minoría (aunque no sea el caso), produce una espiral del silencio al extremo de crear mayorías silenciosas.

Josefina Vázquez Mota quiso ver esto con optimismo, cuando declaró en su campaña presidencial de 2012 que, a pesar de ir rezagada en las encuestas, confiaba en que había “josefinistas de clóset” (así lo dijo ella), que saldrían a votar a su favor el día de la elección. No sucedió así.

Creo que tampoco hubo un fenómeno masivo en Estados Unidos con los trumpistas de clóset. Quienes apoyaban a Trump lo hacían abiertamente y, por lo que nos dejan ver los mapas de resultados electorales, no había razón para pensar que la gran mayoría de ellos se sintieran minoría. Los trumpistas eran parte de una gran comunidad que se pintó y se confirmó de rojo (el color de los republicanos) el día de la elección.

Con esto no quiero decir que no haya existido una espiral del silencio entre algunos trumpistas en comunidades que eran azules y al final se confirmaron de azul (zonas demócratas). Por ejemplo, imagine una comunidad universitaria en un centro urbano importante en donde ganó Clinton. Sí veo factible a un trumpista de clóset. Pero también veo factible, bajo la misma lógica, que en una comunidad conservadora más rural en donde ganó Trump hubiese algunos hillaristas de clóset. En un escenario donde un fenómeno fuese tan probable como el otro, uno se cancelaría con el otro, dejando un rastro insignificante de la espiral del silencio en las encuestas.

Pero lo importante aquí en este ejemplo no es la cancelación estadística de unos grupos con otros, ya que depende de la distribución de trumpistas y hillaristas de clóset en el electorado general, y particularmente en el de los estados que inclinaron la balanza en favor de Trump. Lo importante es que resulta tan factible que hubiese hillaristas de clóset en zonas rojas, como trumpistas de clóset en zonas azules, pero nadie habla de lo primero.

Las encuestas y sus fallas tendrán explicaciones más y más claras conforme avancen los días y se acumule la evidencia. Hasta ahora, quien quiera explicar qué pasó no ha hecho más que aventurar hipótesis. La del voto oculto me parece que es una hipótesis débil, pero con algo de factibilidad, como ya señalé, sobre todo en contextos en los que florece la espiral del silencio. Por lo competido y polarizado de la elección, con sus polos rojos y azules, yo apostaría a que no fue el mayordomo: no hubo un fenómeno significativo de trumpistas de clóset.
Pero estoy abierto a que se demuestre lo contrario.

Twitter: @almorenoal

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