Opinión

Trump y los rusos

    
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Rusia y Trump. (Especial)

La cadena se extiende, los tropiezos y sucesivas torpezas del presidente Donald Trump en torno a su relación con Rusia se incrementan semana a semana.

Apenas la semana anterior, The Washington Post dio a conocer una historia increíble en la cual el presidente Trump habría revelado información sensible y confidencial obtenida por fuentes clasificadas de inteligencia -espías extranjeros- para las agencias estadounidenses. La revelación o infidencia del presidente 'discreto' podría haber tenido lugar durante una reunión en la Casa Blanca, en la Oficina Oval, con el ministro de exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov y su embajador ante Estados Unidos, Sergey Kislyak.

Según fuentes de funcionarios gubernamentales no identificados por el Post y después, por el Times, el presidente compartió información referente a un complot preparado por la organización radical Estado Islámico.

Esto ha originado todo un debate acerca del rol y papel que el presidente jugó en ese encuentro.

Enormes señales de sospecha se elevan, ya que la prensa americana estuvo eliminada del encuentro. Es decir, al White House Press Court, los corresponsales fijos ante la casa presidencial de los principales medios y cadenas del país, se les mantuvo ajenos a la reunión.

El consejero de Seguridad Nacional, H. R. McMaster, declaró que la historia es falsa y que no hubo filtración alguna, versión que después fue confirmada por el secretario de Estado, Rex Tillerson y por otros funcionarios. Sin embargo la filtración permanece.

El protocolo de inteligencia establece a nivel internacional que si un gobierno adquiere información confidencial de un posible ataque, atentado o conspiración debe, a toda costa, proteger su fuente de información para evitar exponerla o 'comprometerla' ante terceros.

Trump podría haber roto por completo este protocolo, al compartirle a los rusos la existencia de un posible complot preparado por el Estado Islámico. ¿Contra qué blancos? ¿Perpetrado de qué forma? Son detalles que la filtración no revela.

Por lo pronto, el presidente Trump ha estado vinculado al Kremlin, a la inteligencia y a los ministros rusos, lo que hoy parecen evidencias sólidas e incuestionables.

El despido del director del FBI, James Comey, ha sido interpretado por muchos como la medida idéntica asumida por Richard Nixon cuando despidió al fiscal especial que lo investigaba por el caso Watergate que, por cierto, le costó la presidencia.

Trump parece haber cometido el delito de obstrucción de la justicia, al despedir al investigador en jefe, de un proceso que incrimina al propio mandatario, sus cercanos o allegados y a su jefe de campaña –prófugo e ilocalizable– por vínculos y asociaciones sospechosas con la inteligencia rusa.

Los republicanos en el Congreso parecen sopesar la conveniencia de mantener a un presidente altamente desacreditado en los círculos políticos de Washington, pero además, un mentiroso compulsivo que ignora los linderos que delimitan lo verdadero de lo falso.

La balanza deberá contemplar si el descrédito de proporciones mayores, además de una eventual 'traición a la patria' en caso de que se compruebe su alianza y relación sospechosa con los rusos, para debilitar a su oponente Hillary Clinton y fortalecer a su propia campaña, son suficientes para 'invitarlo' a dejar el cargo.

Si ese fuera el caso, no olvidemos que el vicepresidente Mike Pence sostuvo reuniones con el embajador ruso, cuando se encontró con Michael Flynn, el despedido y también investigado exconsejero de seguridad nacional.

La relación con los rusos puede representar el Watergate para Mr. Trump y antes de enfrentar el deshonroso impeachment pueden obligarlo a presentar su renuncia.

Twitter: @LKourchenko

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