Opinión

Trump y los Demócratas

  
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¿Cómo sería la guerra comercial de Trump contra China?

De esta elección los demócratas salen divididos y enfrentados. Unos culpan de la derrota a Hillary: ¿cómo pudo aceptarle millonadas por sus discursos a los magnates de Wall Street, a quienes todos ven como culpables de la crisis de 2008?; ¿cómo pudo ser tan descuidada al ingresar información clasificada en su servidor personal y al dejar que sus colaboradores utilizaran medios inseguros para comunicarse?; ¿cómo no se deslindó a tiempo de los escándalos sexuales del esposo de su principal colaboradora?; ¿cómo esperaba ganar con tan mala campaña?

Otros la justifican: a pesar de las maliciosas filtraciones de WikiLeaks, de la sospechosa investigación del FBI, de la necedad de Sanders de mantener su candidatura hasta la convención, de los intentos de supresión del voto y de la misoginia, ella ganó el voto popular.

Más serenos, algunos discuten lo que tienen que hacer para recuperar el apoyo de la clase trabajadora y para despertar la simpatía de los millenians.

Entre tanto Trump está en una situación ideal: cuenta con mayoría en el Congreso (con la perspectiva de mantenerla en 2018) y la expectativa social de que éste no lo debe obstaculizar, como hizo con Obama. Lo peor que los demócratas pudieran intentar es ponerse rudos.

Para empezar, los líderes republicanos de la mayoría en ambas cámaras tienen el poder de fijar la agenda de las sesiones y dar preferencia a las iniciativas presidenciales. Aunque logren organizar audiencias sobre los temas que les interesen, los reflectores van a estar en otro lado.

La cooperación bipartidista va a ser obligatoria.

Hay temas en los que se pueden prever acuerdos rápidos y sin mucho drama. Por ejemplo, será posible aprobar grandes proyectos de infraestructura porque es un tema que conviene al presidente (para mostrar que está “haciendo grande a América otra vez”) y que apoyan los sindicatos, los empresarios, las autoridades locales y, desde luego, los legisladores que aspiran a quedar bien con los habitantes de sus distritos. Descartada la fórmula de financiarlos con un aumento en el impuesto a la gasolina, gana terreno la idea de impulsar proyectos público-privados, otorgar créditos fiscales o crear un banco de desarrollo (una especie de Banobras), financiado con un impuesto a las ganancias de las compañías en el extranjero.

Los unirá también el rechazo a las regulaciones del cabildeo y a la enmienda constitucional para limitar el número de períodos que los legisladores se pueden reelegir, medidas que forman parte de la propuesta del nuevo presidente para sanear la política de Washington (“drain the swamp”).

En la aprobación del presupuesto, los demócratas se opondrán hasta donde puedan a la reducción de impuestos a las corporaciones, pero se aliarán con Trump, enfrentándose a los conservadores fiscales, para ignorar el déficit y para salvar al Medicare y los programas sociales.

La suspensión de las negociaciones del Acuerdo Transpacífico es un hecho. Las sanciones a China y la revisión del TLCAN y del tratado con Corea del Sur se desenvolverán en medio de un intenso cabildeo de los intereses involucrados, pero acabarán pasando.

Lo que si polarizará el debate, y sacará gente a la calle, será la derogación de la legislación ambiental propuesta por DT y las acciones ejecutivas que tomará para la construcción del muro fronterizo y la deportación de los indocumentados. Pero aún ahí, es previsible que se produzcan acuerdos que limiten el alcance y mitiguen las consecuencias de esas medidas.

En política exterior y defensa no se ha definido mucho. Sin embargo, un realineamiento respecto a Irán, Siria o Cuba enfrentará la oposición de senadores de ambos partidos.

Por último, la confirmación del sucesor de Antonin Scalia en la Suprema Corte y la forma como se cubran otras vacantes judiciales creará gran inquietud entre los defensores de los derechos civiles. En esos casos y en la ratificación del gabinete se requiere una mayoría calificada (60 votos), que impide hacerlo en automático.

La representante Nancy Pelosi y el senador Chuck Schumer, líderes de la minoría, son pragmáticos y conciliadores. Tendrán que hacer valer el papel del Congreso como contrapeso al Ejecutivo y habrán de lidiar con la fracción populista (Sanders y Warren), que operará en función de la elección presidencial de 2020, pero su experiencia los sacará adelante.



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