Opinión

Trump, un conservador estridente

1
  

    

Donald Trump pidió que se repitan las elecciones en Iowa. (Reuters)

1. Quienes pronosticaron que Trump se desinflaría antes de las primarias se equivocaron rotundamente. Los resultados de Iowa fueron un tropiezo, pero se ha recuperado en New Hampshire y se perfila como el aspirante más fuerte de los republicanos. Aunque, obviamente, es mucho lo que falta recorrer.

2. Por lo pronto, en una encuesta de Morning Consult –elaborada entre el 10 y el 11 de febrero– Trump logra el apoyo de 44 por ciento de los republicanos, es decir, siete puntos arriba del que tenía antes de las primarias. Se puede anticipar, en consecuencia, que no modulará ni sus declaraciones ni su campaña, toda vez que está obteniendo cobertura de los medios y apoyo de la base republicana.

3. Trump es un conservador estridente, pero no se le puede definir como nazi o facista. Nadie lo imagina incendiando el Congreso de Estados Unidos ni forjando un partido y grupos de choque como las 'camisas negras' o 'pardas'. Es indudable que la victoria de Trump tendría una serie de consecuencias negativas. Pero compararlo con Hitler es una desmesura que nos hace perder las dimensiones.

4. Trump es un vendedor. Él mismo se ha definido como tal en su libro, América Paralizada: “Soy un hombre de negocios con una marca que vender” y admite que a veces hace “comentarios indignantes” con el fin de darle a los medios “lo que buscan”. Así que es difícil establecer si realmente tiene ideología y principios, o si lo que dice es una estrategia de campaña que, al alcanzar la presidencia de la República, modularía.

5. Trump, por lo demás, no es un conservador en todos los temas. Sobre el consumo recreativo de la mariguana declaró que, de alcanzar la presidencia, dejaría a cada uno de los estados terminar, o no, con la prohibición. Inútil señalar que su posición es mucho más progresista que la de muchos políticos mexicanos encumbrados.

6. Sin embargo, la campaña de Trump sí admite un paralelismo con lo que ocurrió en Alemania en los años treinta. Quienes analizaban la campaña de Hitler hacían un razonamiento sencillo: el jefe del Partido Nacionalsocialista es un loco que caerá progresivamente y no podrá nunca alcanzar el poder. Error. Hitler sí era un loco, pero sí obtuvo respaldo de la mayoría y ganó el poder. Con Trump se han esgrimido argumentos similares: es un payaso chirriante que se desinflará inevitablemente. Falso. Hay un sector de la población (que incluye blancos, con estudios universitarios, cuya edad se sitúa entre los 40 y los 70 años) que se ha identificado con su propuesta y lo apoya. Y, en todo caso, eso es lo verdaderamente preocupante.

7. Ese sector está harto de impuestos, del Estado y de la clase política. La paradoja es que la economía está creciendo, la tasa de desempleo es de 5.0 por ciento y Estados Unidos (EU) está saliendo mejor librado que el resto del mundo, de la crisis de 2008. ¿De dónde viene entonces el malestar? Doble hipótesis: los ingresos de las clases medias, que han estado cayendo desde 2000, continúan descendiendo; y la incertidumbre que genera la globalización.

8. Cabe apuntar que las campañas presidenciales en EU han sacudido, en varias ocasiones, al establishment político. Así lo hicieron Carter, Clinton y, por supuesto, Obama que dio la gran sorpresa al convertirse en el primer presidente afroamericano. Esta es una peculiaridad de un sistema abierto que permite a personajes periféricos postularse y ganar.

9. En ese sentido, la candidatura de Trump, más allá de sus estridencias y excesos, tiene el efecto de cuestionar el statu quo y obligar a los partidos a mirar a un electorado profundamente irritado. Otro tanto puede decirse, en el extremo opuesto, de Sanders. Lo relevante es que ambos casos expresan un malestar colectivo, que han recogido las encuestas, y que podría haber llegado para quedarse: la mayoría de los estadounidenses tiene cierta, poca o nula confianza en el futuro de su país.

10. Como quiera que sea, el mayor obstáculo que enfrenta Trump es la élite republicana. Pero sólo si sus diferentes liderazgos se agrupan tras un solo personaje alternativo tendrán posibilidad de contenerlo. Ya veremos.

Twitter: @sanchezsusarrey

También te puede interesar:
Mando Único, por qué sí
Un elefante blanco, pero transparente
Mancera, Houdini y CDMX