Opinión

Trump: TLCAN o la reactivación del campo

10 enero 2017 5:0
 
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campo

En dos semanas tomará posesión Donald Trump como Presidente de los EEUU y empezará el proceso de “negociación” del Tratado de Libre Comercio (TLCAN), el cual será el mecanismo para que México pague la construcción del muro -según las últimas declaraciones hechas por el presidente electo-. Aunque no se vislumbra una posición de negociación con tales declaraciones, puesto que una de las partes ha señalado que será usado como medio para extorsionar a México, parece que es momento que el gobierno federal deje a un lado el discurso y la ingenuidad que pretende “modernizar” el TLCAN, para discutir seriamente con la población y con cada sector, la posición de interés para México, las prioridades, las alternativas para fortalecer cada sector productivo con o sin TLCAN.

El gobierno mexicano ha querido impartir clases de economía internacional, tanto a los Congresistas Republicanos como al propio Trump, remarcando en los medios que México es muy importante para Estados Unidos, que las cadenas de suministro están integradas, que no es viable imponer un alto impuesto a las exportaciones de México porque los consumidores en Estados Unidos sufrirán, etc., lo cierto es que el gobierno mexicano podrá seguir dando lecciones de globalización ad infinitum, pero poco le interesan a Trump y los Congresistas Republicanos que son la mayoría. Por el contrario, han demostrado –como en el caso de Ford, Carrier y las que se añadan- que cualquier empresa, por globalizada que esté, puede cambiar sus decisiones de inversión en un abrir y cerrar de ojos, moviéndolas de regreso a Estados Unidos, por millonarias que fueren o por muchas ventajas que ofreciera México.

En el Campo, el TLCAN permitió la expansión de agricultores comerciales mexicanos y el dominio del mercado nacional de alimentos por parte de empresas Trasnacionales Agroalimentarias norteamericanas, las cuales se han visto ampliamente beneficiadas en México, monopolizando y controlando el Almacenamiento, Distribución, Importación de granos, insumos y alimentos básicos; no sólo han concentrado en sus manos los subsidios del gobierno federal al campo: PROAGRO, apoyos a la comercialización, precios objetivo, entre otros, sino además, se les abrió un mercado sin competencia, ni restricciones, con la anuencia de gobiernos mexicanos, que les permitieron acaparar la provisión de insumos, por ejemplo, en el terreno de las semillas en donde Pfizer, Monsanto, Carghill, son los dueños del mercado mexicano. Independientemente de las ventajas y argumentos a favor de estos arreglos comerciales, el escenario ya cambió.

Por más de dos décadas, cientos de organizaciones campesinas, académicos y activistas sociales han denunciado y reclamado que estos arreglos provocaron un desmantelamiento de la capacidad productiva en México –tanto de semillas, otros insumos y alimentos- en beneficio de trasnacionales y en perjuicio de una masa crítica de productores que fueron confinados a vivir en la pobreza o expulsados de sus comunidades como migrantes. Donald Trump ha declarado a México como su principal enemigo comercial. Por ello, definir cuál será la situación, en este caso, del Campo Mexicano, ya no es una exigencia de las organizaciones, sino una emergencia nacional.

Es una emergencia recuperar la capacidad productiva de insumos y de alimentos en todo el territorio nacional, con un enfoque de seguridad y soberanía alimentarias, en donde se incorpore a millones de campesinos que están en la pobreza precisamente por falta de políticas dirigidas a reactivar su capacidad productiva. Además, esto es una emergencia por la sencilla razón de que miles de mexicanos podrían ser deportados desde Estados Unidos en los próximos meses, muchos de los cuales fluirán a zonas rurales, por lo que habrá mano de obra que bien aprovechada puede aportar conocimientos y experiencia en favor de nuestra economía, las comunidades y el campo.

Sin embargo, a dos semanas de la llegada de Trump, ni SAGARPA, ni la BANCA DE DESARROLLO, ni la SECRETARIA DE ECONOMIA ni otras autoridades relevantes, han convocado a las organizaciones campesinas, a los intermediarios financieros y demás miembros del sector, para poner en marcha un plan de acción inmediato que ponga a trabajar al campo, en todos sus rincones y para todos sus habitantes.

Tampoco las organizaciones hemos reaccionado ante lo que se avecina y no hemos visualizado que esto ya dejó de ser un eterno debate con gobiernos neoliberales cerrados de ojos y oídos, porque ya no existirán las condiciones para un libre comercio con Estados Unidos y hasta el más recalcitrante de los neoliberales tendrá que mirar al mercado interno y a la soberanía alimentaria.

Por lo tanto, no debemos seguir inmersos en la parsimonia, la ingenuidad y el adoctrinamiento, esperando que las circunstancias nos arrastren, que ocurra un milagro o que el país del norte sea quien defina nuestras prioridades e intereses.

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