Opinión

Trump podría ser lo mejor que le ha pasado
a México

 
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Donald Trump

No hay mal que por bien no venga. En las elecciones estadounidenses, desde la perspectiva mexicana, podría ser ése el caso.

En las últimas dos décadas no deja de sorprenderme la falta de un plan maestro para relacionarnos con Estados Unidos. No siempre fue así. En los años previos a la firma del TLC, México –gobierno y empresarios–fue capaz de articular una estrategia integral e inteligente para acceder a medios de comunicación, para interactuar con el Poder Legislativo estadounidense, para hacerse de socios estratégicos que compartieran nuestros objetivos. Dígase lo que se diga, México no está pasando las de Caín, como el resto de América Latina, porque el TLC existe.

Después, se perdió la dirección. México volvió a la relación vaga y acomplejada con su poderoso vecino. Más aún, dado el exponencial crecimiento de la relación en el ámbito comercial, a nivel de empresas, en temas de seguridad, logísticos y de muchos otros tipos, lo que se ganó al desarrollarse una relación estrecha entre secretarías y agencias gubernamentales, se perdió por la falta de una visión estratégica que busque fortalecer la relación y le explique a mexicanos que viven en México por qué debe importarles el destino de quienes decidieron migrar. Trump aprovecha ese vacío.

Por décadas, el ataque a México ha sido políticamente rentable.

Buscando chivos expiatorios, es cómodo culpar a migrantes, es fácil hostigar a empresas 'codiciosas' que se establecen en México 'buscando aprovechar mano de obra barata'.

Hemos dejado crecer una narrativa que nos lastima, porque sí recibimos 25 mil millones de dólares de remesas el año pasado, más de 15 mil millones de dólares de inversión extranjera directa procedente de Estados Unidos y les exportamos 235 mil millones de dólares de mercancías en 2015.

Hoy, no hay un precandidato presidencial demócrata o republicano que apoye el tratado comercial con México o defienda la migración. Esto a pesar que hay una docena de argumentos contundentes posibles.

Gracias a Trump, sin embargo, la gente en México voltea a ver la kafkiana campaña presidencial estadounidense, repentinamente se sienten aludidos. Se arman esfuerzos privados para promover que migrantes mexicanos adquieran ciudadanía y voten. Aunque, torpemente, la embajada de México en Washington ha manifestado su apoyo, en lo que desde la perspectiva estadounidense parece una intromisión en su política interna. (¿Qué tan rápido nos envolveríamos en la bandera si la embajada estadounidense en nuestro país promoviera que migrantes de ese país se nacionalicen mexicanos para influir en nuestro proceso electoral local?).

Por primera vez desde 1992 veo un esfuerzo de líderes empresariales mexicanos por difundir información real desmintiendo decenas de embustes que se han repetido tantas veces, sin objeción, que adquieren aire de verdad. No, construir un muro ayuda poco a la migración ilegal estadounidense porque 40 por ciento de los migrantes ilegales entraron legalmente con visas que ya expiraron, porque la migración neta de México es negativa en los últimos años (más mexicanos volvieron a México de los que entraron a Estados Unidos), porque la integración manufacturera con México es lo que le ha permitido a empresas estadounidenses recuperar competitividad internacional y ganar participación en el mercado mundial, porque México es el socio comercial número uno o dos de la mayoría de los estados en la Unión Americana, porque siete millones de empleos en Estados Unidos dependen de la economía de México, porque empresas mexicanas han invertido decenas de miles de millones de dólares en Estados Unidos, porque no hay país del mundo que, proporcionalmente a su comercio total, importe más de Estados Unidos. Ni uno de esos argumentos se ha oído en una campaña presidencial plagada de racismo, xenofobia y argumentos falaces. No hemos metido las manos.

El problema no es Trump. El nefasto candidato no cree en lo que dice.

Su 'talento' está en saber qué quiere escuchar el electorado. El problema es que sea esto lo que quieren oír. El populismo surge de políticos razonablemente carismáticos que conectan con el miedo o el enojo de los electores. Los convencen de que problemas complejos tienen soluciones mágicas que no implican sacrificio alguno de los votantes. En la narrativa de Trump, todo se resuelve cerrándole el paso a los morenitos que cruzan el río y van a quitarle su empleo a blancos, protestantes cuyo nivel de vida va en picada. La economía se recupera con proteccionismo, a pesar que hay montañas de historia que lo contradicen. Pero, la evidencia es sólo un incómodo detalle.

La relación con Estados Unidos importa. Enrique Peña Nieto ha dormido más noches en Estambul que en Washington. De aquí a noviembre, no hay nada qué hacer para contrarrestar a políticos para los que México es como la pera loca con que entrena un boxeador.

Gracias a Trump, a golpes aprenderemos la lección.

Twitter: @jorgesuarezv

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