Opinión

Trump o Cruz, peor imposible

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ME. Todos contra Trump... pero si gana nominación, tendrá todo el apoyo.

La victoria de Donald Trump (DT) el supermartes pasado ha prendido la alerta en el establishment republicano. Mitt Romney ha tomado la bandera y lo ha denunciado como estafador y fraudulento.

Pero, al mismo tiempo, y a contracorriente, Paul Ryan, presidente de la Cámara de Representantes, tendrá una reunión con DT y con el resto de los candidatos republicanos para trazar una estrategia hacia la elección presidencial.

En México, la visita de Biden, y su abierta condena de la campaña antimexicana de DT, inspiró una respuesta del gobierno federal. Al principio, el presidente Peña hizo alusión al aislamiento como una política absurda. Pero ayer pasó a la ofensiva abiertamente al comparar a Trump con la forma en que Hitler y Mussolini llegaron al poder.

Las condenaciones del gobierno federal no habían tenido mayor impacto. La entrevista que concedió Claudia Ruiz Massieu al Washignton Post, donde calificaba a DT como ignorante, no alcanzó siquiera un llamado en la primera plana. Ahora, habrá que ver el efecto de la ofensiva presidencial.

Las reprobaciones de Romney, y otros republicanos, son de pronóstico reservado. Porque, sin duda, hay mucha tela de dónde cortar en el largo historial de DT. Pero también es un hecho que su candidatura está experimentando el efecto teflón: todo se le resbala.

Lo que es importante subrayar es que DT no es un ideólogo. Es un vendedor pragmático que cambia de opinión como de calcetines. En 2012 criticó a Romney por su estrategia contra los indocumentados y la refirió como una de las causas de su derrota frente a Obama. Cuatro años después, ésa es su bandera y caballo de batalla. Pero el tono y la retórica son mucho más radicales.

Lo notable, en este proceso, es el efecto Trump. Su capacidad de seducir al electorado es notable. No es un conservador de cepa ni un hombre religioso, amén que en algún momento apoyó a los gays y lleva tres matrimonios, para no mencionar su negro historial como empresario, que incluye (oye, Andrés Manuel) una universidad patito, pero aún así ha sido capaz de socavar las bases evangelistas de Ted Cruz.

En Nevada, pese a su discurso incendiario contra los mexicanos y los ilegales, obtuvo una parte importante de votos hispanos. Las encuestas de salida le otorgaron 40 por ciento del sufragio hispano-republicano en un estado que tiene fuerte presencia de latinos. El caso de un mexico-americano (con doble nacionalidad) es elocuente: votará por DT porque, según él, USA es una corporación y debe ser gobernada por un empresario exitoso.

Después del supermartes, Rupert Murdoch anticipó el futuro en un tuit esclarecedor, que fue retuiteado por el propio DT: “como predije, Trump está buscando hacer la paz con el establishment republicano. Si se afianza como candidato, sería una locura que el partido no se unificara”.

El hecho es que DT está despertando electores que no participaban en las votaciones. Se trata de ciudadanos irritados que quieren manifestar, por primera vez, su descontento. Trump se ha vuelto un catalizador.

La probabilidad de que DT gane la candidatura republicana es alta. Más aún, si –como las encuestas apuntan– derrota a Marco Rubio en Florida el martes 15 de marzo. Porque entonces la élite republicana tendría que decidir entre Trump y Cruz, y el segundo es más radical que el primero y tampoco tiene la simpatía del establishment republicano.

Lo difícil, si nos atenemos a las encuestas, es que DT logre imponerse sobre Hillary Clinton. Hasta ahora la ventaja de la exsecretaria de Estado es clara, como claro es que el voto afroamericano e hispano está a su favor. La gran pregunta es si un giro de Trump sería capaz de disputarle el apoyo de esa base electoral. Cosa que se antoja muy difícil, pero no imposible.

Como quiera que fuese, es un hecho que de Trump puede esperarse cualquier sorpresa. Al día siguiente del supermartes tuiteo: “tengo miles de amigos mexicanos. Son gente fenomenal. Los amo”. Este es Trump de cuerpo entero: se contradice un día sí y otro también, sin inmutarse ni sonrojarse.

Por lo pronto, todo apunta que la interna republicana estará entre un oportunista, barbaján y baquetón, y un evangélico integrista. Peor, imposible.

Twitter:
@sanchezsusarrey

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