Opinión

Trump, no fue la economía

   
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Trump. (Reuters)

No hay plazo que no se cumpla, y este viernes Donald J. Trump será el presidente número 45 de los Estados Unidos de América. Como ya lo hemos comentado, es una tragedia. La misma nación que eligió hace ocho años al primer presidente negro (afroamericano dicen ahora), ha decidido optar ahora por un patán misógino, racista, abusivo y tramposo. No queda sino tratar de explicarnos, en esta semana, las causas y posibles implicaciones de la tragedia.

Ha habido una cantidad importante de intentos de explicar este fenómeno. Algunos, que creen que la economía es el origen de todo lo que ocurre en una sociedad (terrible herencia de Marx), afirman que los costos de la globalización, especialmente el incremento en la desigualdad, es lo que explica la elección. Es un argumento atractivo, si partimos de la preeminencia de la economía. Pero todo indica que también en esto se equivocó Marx, y no es la 'estructura económica' lo que explica la superestructura política, jurídica y demás. Es decir, aunque el tema económico importa a las personas, no es lo único en lo que piensan, y probablemente ni siquiera es lo más importante.

De hecho, los datos no apoyan mucho la hipótesis. Por un lado, el momento de verdadera desigualdad parece haber sido 2008, cuando fue electo Obama, y no 2016. No tenemos todos los datos, pero la famosa 'curva del Elefante' de Branko Milanovic, que comentamos aquí el 13 de diciembre (Neoliberalismo, globalización y desigualdad), apunta en esa dirección.

En la versión que termina en 2008, el 1.0 por ciento más rico del mundo habría incrementado su ingreso en 50 por ciento durante los veinte años previos, frente a incrementos mucho menores, o incluso caídas, en el 20 por ciento que le sigue, que cubre a prácticamente toda la población de Estados Unidos y Europa. Pero en la versión que llega a 2011, el 1.0 por ciento más rico sólo habría tenido un incremento de 30 por ciento y el 20 por ciento restante ya no tiene pérdidas, sino un incremento de alrededor de 20 por ciento. Es decir, mientras que en 2008 había efectivamente un incremento notorio de la desigualdad en el mundo occidental, para 2011 eso se había corregido notoriamente, tal vez como efecto del estallamiento de la burbuja inmobiliaria.

Más interesante aún, los datos demográficos de los votantes en Estados Unidos muestran que la gran diferencia entre quienes sufragaron por Clinton y los que lo hicieron por Trump no es de ingreso. Peor, los de menos ingreso votaron por Clinton, en contra de la hipótesis mencionada. La fractura real ocurre por edad, educación, religión y tamaño de la población. Los mayores de 40 años prefirieron a Trump, lo mismo que quienes tienen menor nivel educativo y mayor integración religiosa. Y el corte más interesante: Clinton gana en las ciudades de más de un millón de habitantes; Trump gana el resto. En el caso del Brexit, que también se ha achacado a la desigualdad, no tenemos tanto detalle pero parecen ser las mismas causas.

Así que no parece haber una causa económica, sino causas más bien sociales. Sin duda, con alta correlación con el tema económico, pero que no son lo mismo. La insistencia de Trump en crear empleos en antiguas zonas industriales, haciendo uso de políticas condenadas al fracaso, muestran que ni siquiera él entiende que no fue la economía lo que lo llevó al triunfo. Pero si queremos explicarnos la dinámica social que está detrás de los fenómenos políticos de los últimos meses, creo que lo primero es aceptar que la economía importa mucho menos de lo que se cree. Ya lo dijo aquél: “no sólo de pan vive el hombre”.

Profesor de la Escuela de Gobierno,Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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