Opinión

Trump, la teoría y la realidad

   
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Economía estadounidense. (Shutterstock)

Durante la campaña política y aún ya como presidente electo, Trump a enarbolado la promesa de poner a su país en primer término y hacer retroceder los impactos negativos que el libre comercio ha tenido en su economía. No hay que olvidar que una parte importante del electorado norteamericano, convencido del discurso nacionalista-populista del candidato norteamericano, ahora presidente electo, apoyó masivamente su propuesta ante la promesa hecha por el Sr.Trump de hacer lo necesario para recuperar los millones de puestos de trabajo perdidos, por ejemplo, en la industria automotriz. Sin embargo, ¿es posible contradecir la teoría que generó esos impactos negativos, la globalización, y por tanto la realidad, que animó la puesta en marcha de lo que priva en varias regiones de los Estados Unidos, Detroit, Michigan, por ejemplo?

Lo que hemos observado en los últimos días es que, por lo menos en el corto plazo la teoría económica que apela a la mayor rentabilidad al menor costo posible puede ser rebasada por la fuerza de la política que le otorga el poder que ostenta un presidente en los Estados Unidos. Trump a apelado, amenazado, en usar fundamentalmente instrumentos fiscales a su disposición que impedirían a los exportadores de cualquier nacionalidad, estacionados fuera de los Estados Unidos, hacer llegar, en condiciones de competitividad, sus productos al mercado norteamericano. Tal y como hemos leído en los medios masivos de comunicación, las empresas automotrices han sido el primer blanco, y seguramente no el único, para intentar el regreso al proteccionismo de más rancio abolengo en la economía más importante del mundo.

Más allá de la efectividad de esta política y de su significado para cumplir con promesas de campaña a sectores sociales afectados por la globalización, lo relevante estriba en como el poder político que se disputa en los Estados Unidos es capaz de modelar(?) el funcionamineto de la economía mundial, o por lo menos amenzar con hacerlo. Cuando las convicciones eran que la globalización era la fórmula del progreso y del bienestar, el Consenso de Washington le impuso al mundo desarrollado, y fundamentalmente al menos desarrollado, un modelo económico y social que, ahora, en aras de los mismos valores, bienestar y progreso, debe ser revertido por el proteccionismo.

Las propuestas del Sr. Trump, como decimos coloquialmente en México, va a, está ya, pisando callos. Las compañías automotrices parecen ofrecer poca resistencia, y en algunos casos ninguna, a las presiones que la entrante administración norteamericana ejerce sobre ellas. Habrá que observar que ocurre con los gobiernos como los europeos, los asiáticos y los de América Latina.

China, el primer socio comercial de los Estados Unidos seguramente resistirá e incluso ejercerá presiones fuertes para impedir que los deseos proteccionistas de Trump se concreten. Ese enfrentamiento será de grandes dimensiones económicas a la luz del orden de magnitud de los flujos comerciales chinos hacia los Estados Unidos. En el caso de México, otra vez aludiendo a expresiones locales, seguramente la política de Trump lo sorprenderá como al Tigre de Santa Julia, y el impacto podrá ser muy importante. México, un país cruzado por altísimos niveles de desigualdad, violencia, corrupción y gobernabilidad endeble, por decir lo menos, y sin un plan de contingencia para escenarios como los actuales, tendrá que contender con “frescos” flujos desempleo que impondrán mayor presión social a una sociedad crispada.

La vieja creencia que la teoría aplicada a la realidad consigue que ésta se comporte como aquella lo ha concebido, en este momento, no parece tener sentido. Trump aparace no como un neoliberal proglobalización sino como un globalofóbico con tintes cepalinos de las décados de los cincuenta y de los sesenta. ¡Qué ironía!

El autor es profesor de tiempo completo de la Facultad de Economía – UNAM

Contacto: semerena@unam.mx

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