Opinión

Trump, la política y el mercado

 
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ME. ¿En 50 días habrá un presidente Trump?

En México, el descontento con la democracia empieza en quienes se supone que entienden y ejercen la política como recurso para conciliar diferencias y evitar las soluciones violentas de los conflictos.

Y es que el Presidente Peña Nieto y sus secretarios dicen entender que su responsabilidad no es gobernar con el respaldo de la voluntad popular, sino velar por el buen funcionamiento del sistema, o lo que para ellos es lo mismo, cuidar los mecanismos del mercado.

Proteger el funcionamiento del mercado por encima de cualquier otra cosa, ha implicado sacralizar la eficiencia, la productividad, la competitividad y la rentabilidad; ha requerido que se justifique con esos principios la reducción de la política a atender los imperativos del mercado y a desestimar los costos sociales.

Con esa lógica fue recibido Donald Trump con todos los honores que pudo brindarle Peña Nieto, y desde esa perspectiva se lamentan él y Luis Videgaray de que se quiera “juzgar la visita como acierto o error político”.

No les importa a Peña Nieto ni a Videgaray la sensación de agravio a nuestra nacionalidad que han provocado los resentimientos y temores paranoicos del propio Trump; tampoco valoran las implicaciones políticas de que para muchos mexicanos, el desprestigio del presidente se haya convertido en desprecio.

“Lo que importa”, lo que habría motivado la infame presencia del fascista y las atenciones que le brindó Peña Nieto, “es qué puede pasar con México en la relación con EUA, con las inversiones, con los empleos”, dijo Videgaray por televisión.

Eso, por lo demás, no es del todo cierto. Además del temor de que Trump tomara medidas que afectaran el superávit comercial de México con Estados Unidos, tanto el presidente como su ex secretario de hacienda han dejado ver su convicción de que el republicano y no Clinton será el próximo presidente estadounidense.

Peña Nieto lo manifestó diciendo “creo que a final de cuentas, lo que venga en adelante habrá de dejar muy en claro el por qué lo hicimos”.
Videgaray, por su parte, aportó la idea de que “la verdadera evaluación de esta decisión va a ser en el caso de que sea electo este señor, en cómo se plantea la relación con México, que pasa con el TLCAN”.

Ante tales anticipaciones, vale preguntar ¿si pierde Trump, también quedará “muy en claro” por qué se le invitó? ¿Y si además de la idea de que Trump derrotará a Clinton, hubiera el deseo en nuestras autoridades de que gane el republicano?

Trump tiene un largo historial de cinismo y corrupción en sus negocios. Clinton, en cambio, sin ser un dechado de virtudes, ha contribuido a la idea del gobierno de Barack Obama de promover el combate internacional a la corrupción que destruye Estados, empleos y frena el crecimiento, y se ha dicho preocupada por el peso de ese lastre en México.

¿Con quién podría entenderse mejor nuestro gobierno?

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