Opinión

Trump, la forma es fondo

  
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Trump, EPN

En política no cuentan las intenciones, sino las consecuencias. El presidente Peña le tiró un salvavidas a Trump en el peor momento de su campaña. Las encuestas lo situaban cinco puntos por debajo de Clinton y no son pocos los republicanos de primer nivel que se han deslindado de su candidatura.

Hillary Clinton se mostró sorprendida y está, como el resto de los demócratas, muy irritada. ¿De qué lado juega el presidente de México? La relación con la candidata puntera ha sido innecesaria e inevitablemente dañada.

El presidente Peña se apegó al guión de su última entrevista con Obama: México es neutral y lo mismo tratará con Clinton que con Trump. Así que ya van dos desaires: el primero en Washington, después de haber sido invitado para confrontar las posiciones de Trump, y el segundo, ahora.

Pero va de mal en peor. Porque una cosa es ser formalmente neutral y otra congraciarse y hacerle la tarea al patán que ha vilipendiado a los mexicanos.

La invitación a ambos candidatos puede ser definida, en términos de realismo mágico, como una neutralidad proactiva. O, para decirlo en castellano, el arte de meterse en camisa de once varas y terminar al servicio del peor de tus enemigos.

Y no es que haya que ser mal pensados, pero los errores se hilvanaron como si fuesen deliberados: Trump, enemigo de México, obtiene una invitación inapropiada. Trump, a la baja, es recibido antes que la candidata puntera. Trump, candidato, fue tratado como si fuera un jefe de Estado. Así que, ¿errores o concesiones deliberadas?

Para Trump la visita fue un éxito rotundo: grabó su videoclip, dio una imagen presidenciable y lo hizo en el país que Hillary Clinton ha asumido como aliado en su campaña. Antes, había fracasado en su intento de ser recibido en Gran Bretaña, Francia y Alemania.

Ahora sólo falta que la visita se convierta en el punto de recuperación del candidato republicano y hacia allá apuntan las encuestas. Pero, ¿qué ganó Peña Nieto? Libre de polvo y paja, el halago de Trump: “México colaborará con nosotros, así lo creo. Después de reunirme con su maravilloso, maravilloso presidente, estoy convencido de que quieren solucionar este problema”.

Y bueno, tal vez Trump no exageró: EPN aceptó hablar del muro y añadió razones para construirlo: el flujo ilegal de dinero y armas hacia México. De manera tal, que no sería absurdo cooperar en su edificación. Y, en la misma tesitura, admitió la revisión del TLC, que en los hechos equivale a abrir una caja de Pandora.

Inexplicablemente, el presidente no desmintió a Trump cuando afirmó que no se habló de quién pagaría el muro; lo hizo varias horas después, vía Twitter. Por la noche, a toro pasado, añadió que Trump representa un peligro para México. Pero de nuevo: ¿falta de tino o concesiones deliberadas?

Hay quienes afirman que no fue ningún error invitar a Trump, sino que se ganó un seguro contra la eventual victoria del candidato republicano. Y todo indica que el presidente de la República comparte esta visión.

El problema, sin embargo, es que el costo interior (la irritación infinita contra Peña) y exterior (Obama y Clinton no pueden sentirse más que traicionados) es altísimo. Con un agravante doble: Trump no es un hombre confiable, como lo confirmó en Arizona al volver por sus fueros. Y, segundo, si Clinton gana la presidencia, la relación con la Casa Blanca habrá quedado hipotecada. El caldo, pues, salió más caro que las albóndigas.

Finalmente, en política la forma es fondo (Reyes Heroles dixit). Así que, independientemente de si hubo errores o concesiones deliberadas, el hecho es que Trump fue recibido como jefe de Estado y obtuvo un espaldarazo del jefe del Estado mexicano, que para efectos reales, de ambos lados de la frontera, puede interpretarse como un voto a favor del candidato republicano. Intentar corregir el yerro supondría reconocerlo, pero no es el caso. Por lo tanto, a pesar del altísimo precio pagado, al gobierno sólo le queda esperar que Trump cumpla lo que sea que haya prometido. Todo pende de ese hilito. Vaya forma de enfrentar un peligro mayor.

Twitter: @sanchezsusarrey

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